domingo 9 de agosto de 2009

ELEAZAR LEÓN




por José Jesús Villa Pelayo



Sin duda, siempre recordaremos a Eleazar León por su valentía, su coraje, su ausencia de temor a la hora de decir lo que pensaba, lo que sentía. Siempre estuvo del lado de las verdades y de las resonancias, de la integridad.

Su voz profunda, atildada, fina, cromática, invocaba la poesía; indefectiblemente habitada por sus ecos. En él (y en su palabra) siempre algún verso, algún poema; podía recitar muchos de memoria, porque convivía, abierta y deliberadamente, con el hecho poético, con los habitantes de la poesía. Era uno de esos habitantes habituales, fugaces, como todos.

Su poesía era una hábil y sagaz mezcla de sabiduría, percepciones, imágenes cotidianas pero universales, emociones, amor, sobre todo aquel que no se encuentra con frecuencia, ése que ansían y ofrecen los trovadores ante las inaccesibles damas de los castillos imposibles y sus cortes. Oservador atento del mundo y sus objetos.

Podía componer un soneto o una cuarteta al estilo del siglo de oro español con una descomunal naturalidad y facilidad o, de igual manera, un poema novedoso y provocador. Tenía el don de la poesía. Decir que es y fue uno de los más extraordinarios poetas de la Venezuela del siglo XX sería simplemente redundante. Lo fue, lo es, porque preferimos pensar que no se ha ido, que el 7 de agosto del año 2009, Eleazar León fue arrebatado por los ángeles de la poesía, por la escala de Jacob, al lado de Hoelderlin y de los grandes poetas iluminados.

Fue mi profesor en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, asistí a su taller, pero también fue mi amigo. Crítico mordaz del sistema, del establishment. Recordaba a los grandes poetas disidentes como Ezra Pound.

Eleazar se tomaba muy en serio la poesía, así como enseñarla. Porque era básicamente un maestro, uno genuino. Nació en 1946; por tanto, era un vástago de la II Guerra Mundial y de la Venezuela que nacía con Médina Angarita y López Contreras, la Venezuela post gomecista. Nació como un hombre del pueblo, en Caracas, y nunca pretendió ser nada más que eso, un hombre y un poeta del pueblo, y por supuesto, del mundo, porque su aliento era universal y universalista.


Sabía reconocer el talento, como pocos. No era egoísta. Eleazar nos marcó, su poesía, su voz, sus enseñanzas, su vida que trasvasaba poesía. Amaba a Khayyam, a Borges, a Pound, a Eliot, a Li Po. Era un desterrado entre los desterrados.

Eleazar nació en la ciudad de Caracas. Era Licenciado en Letras por la Universidad Central de Venezuela, y profesor de la Escuela de Letras, después de los día de la Renovación. Pertencció al famoso Taller Calicanto, dirigió el Taller de Poesía de la Escuela de Letras y el del CELARG. Entre los libros que publicó se encuentran: Precipicio de pájaros (1971), Por lo que tienes de ceniza (1975), Estación durable (1976), Cruce de caminos (1977), Palabras del actor en el café de la noche (1982), A la orilla de los días (1982), Reverencial (1991), Hechura de palabras (1992), Cuartetas (1993), Descampado (1999), Papeles para un adiós (2004) y Rubayyats (2009).

Murió un día de agosto, el séptimo día del mes de Augusto, él que tanto dio de sí, que tanto amaba la poesía y la tradición poética, que traducía, con sencillez, a sus alumnos, en sus clases. He aquí uno de sus poemas (del libro Reverencial):

Ningún camino me pertenece
ni yo soy suyo para nada. ¿Quién atesora
migraciones de nubes a la orilla del viento?
Abro los días por la puerta del mar
y en las corrientes planto mi casa, bebo
los torbellinos.
La luna me comprende con estaciones de intimidad
y luego vamos cada quien, ella creciendo
con mi lumbre por dentro, yo con la capa
de los jinetes a pleno sueño.
Ondulaciones en la hierba, sé sus andanzas
de lluvia o sol, y el vencimiento de los árboles
muertos por hacha, y el corazón
abierto de las piedras.
Nada retiene bajo su luz, y así mi abrazo
rodea las cinturas de las espumas
y cuando nazco de raíz pienso en el aire
y el horizonte sobre mi mano.
Se me vuelve un tesoro
los días del universo.
Sus regalos destellan
por el instante de mi voz
y pronuncio la fuga de las arenas en mi puño
con júbilo las estrellas
y hago silencio.

Finalmente, reproducimos aquí el documental de Miguel Guédez sobre Eleazar León, insigne poeta de las letras venezolanas:









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sábado 20 de junio de 2009

POETAS VENEZOLANOS DEL SIGLO XX, XIX y XVIII


Grupo "Viernes"


por José Jesús Villa Pelayo



En el año 2007, comencé a pensar en un proyecto literario al cual titulé, provisionalmente, Gran Antología de la Poesía Venezolana /Siglos XVIII, XIX y XX.
Incluye la “Magna Antología” un ensayo introductorio, a manera de prólogo, una reflexión histórica y crítica sobre unos doscientos cincuenta años de poesía venezolana; una clasificación de sus períodos, revistas, grupos y, por supuesto, un Canon, y, por supuesto, una pequeña ficha personal de cada poeta y un poema de cada uno de ellos.

Hoy les entrego el Canon del Proyecto "Magna Antología".


1700-1800
1.-SOR MARÍA DE LOS ÁNGELES (1765-1818)
2.-ANDRÉS BELLO (1781-1865)
3.-SIMÓN BOLÍVAR (1783-1830)
1800-1810
4.-JOSÉ ANTONIO MAITÍN (1804-1874)
5.-ANTONIO ROS DE OLANO (1808-1886)
1810-1820
6.-RAFAEL MARÍA BARALT (1810-1860)
7.-CECILIO ACOSTA (1818-1881)
8.-JOSÉ HERIBERTO GARCÍA DE QUEVEDO (1819-1871)
1820-1830
9.-ABIGAÍL LOZANO (1821-1866)
10.-JOSÉ RAMÓN YEPES (1822-1881)
11.-ELOY ESCOBAR (1824-1889)
12.-JOSÉ ANTONIO CALCAÑO (1827-1897)
1830-1840
1840-1850
13.-IDELFONSO VÁSQUEZ (1840-1920)
14.-JACINTO GUTIÉRREZ COLL (1845-1901)
15.-JOSÉ ANTONIO PÉREZ BONALDE (1846-1892)
1850-1860
16.-MIGUEL SÁNCHEZ PESQUERA (1851-1920)
1860-1870
17.-ABELARDO GORROCHOTEGUI (1861-1927)
18.-FRANCISCO LAZO MARTÍ (1864-1909)
19.-GABRIEL E. MUÑOZ (1864-1908)
20.-SALUSTIO GONZÁLEZ RINCONES (1866-1933)
21.-LUIS CHURIÓN (1869-1945)
1870-1880
22.-VÍCTOR RACAMONDE (1870-1908)
23.-ANDRÉS MATA (1870-1931)
24.-ELÍAS DAVID CURIEL (1871-1924)
25.-SAMUEL DARÍO MALDONADO (1870-1925)
26.-UDÓN PÉREZ (1871-1926)
27.-MANUEL DÍAZ RODRÍGUEZ (1871-1927)
28.-RUFINO BLANCO FOMBONA (1874-1944)
29.-CARLOS BORGES (1875-1932)
1880-1890
30.-SERGIO MEDINA (1882-1933)
31.-JOSÉ TADEO ARREAZA CALATRAVA (1882-1970)
32.-ALFREDO ARVELO LARRIVA (1883-1927)
33.-JUAN SANTAELLA (1883-1927)
34.-ISMAEL URDANETA (1885-1928)
35.-LUIS YÉPEZ (1885-1964)
36.-ENRIQUETA ARVELO LARRIVA (1886-1962)
37.-ELÍAS SÁNCHEZ RUBIO (1888-1931)
38.-LEONCIO MARTÍNEZ (1888-1941)
1890-1900
39.-JOSÉ ANTONIO RAMOS SUCRE (1890-1930)
40.-RÓMULO MADURO (1890-1933)
41.-FRANCISCO PIMENTEL (1890-1942)
42.-JORGE SCHMIDKE (1890-1981)
43.-CRUZ SALMERÓN ACOSTA (1892-1930)
44.-FERNANDO PAZ CASTILLO (1893-1981)
45.-JULIO MORALES LARA (1893-1952)
46.-RAFAEL OLIVARES FIGUEROA (1893-1972)
47.-ENRIQUE PLANCHART (1894-1953)
48.-LUIS ENRIQUE MÁRMOL (1897-1926)
49.-RODOLFO MOLEIRO (1898-1970)
50.-RAFAEL YEPES TRUJILLO (1898-1972)
51.-LUIS BARRIOS CRUZ (1898-1968)
52.-RODOLFO MOLEIRO (1898-1970)
53.-ÁNGEL MIGUEL QUEREMEL (1899-1939)
1900-1910
54.-JOSÉ RAMÓN HEREDIA (1900-1987)
55.-LUIS FERNANDO ÁLVAREZ (1901-1952)
56.-JACINTO FOMBONA PACHANO (1901-1962)
57.-LUISA DEL VALLE SILVA (1902-1962)
58.-PEDRO SOTILLO (1902-1977)
59.-MANUEL FELIPE RUGELES (1903-1959)
60.-ANTONIO ARRÁIZ (1903-1962)
61.-ALBERTO ARVELO TORREALBA (1905-1971)
62.-MARÍA CALCAÑO (1906-1956)
63.-OTTO DE SOLA (1908-1975)
64.-MIGUEL OTERO SILVA (1908-1985)
65.-JOSÉ ANTONIO DE ARMAS CHITTY (1908-1995)
66.-LUIS CASTRO (1909-1933)
67.-PABLO ROJAS GUARDIA (1909-1978)
68.-MIGUEL RAMÓN UTRERA (1909-1993)
1910-1920
69.-ANA MERCEDES PÉREZ (1910-
70.-HÉCTOR GUILLERMO VILLALOBOS (1911-1986)
71.-PASCUAL VENEGAS FILARDO (1911-2003)
72.-VICENTE GERBASI (1913-1992)
73.-JUAN BEROES (1914-1975)
74.-LUIS BELTRÁN GUERRERO (1914-1997)
75.-CARLOS AUGUSTO LEÓN (1914-1997)
76.-JUAN LISCANO (1915-2001)
77.-ANTONIA PALACIOS (1915-2001)
78.-RAFAEL ÁNGEL INSAUSTI (1916-1978)
79.-LUZ MACHADO (1916-1999)
80.-ERNESTO LUIS RODRÍGUEZ (1916-1999)
81.-PÁLMENEZ YARZA (1916-2006)
82.-PEDRO PABLO PAREDES (1917-
83.-ANA ENRIQUETA TERÁN (Valera, 1918)
84.-ELISEO JIMÉNEZ SIERRA (1919-
1920-1930
85.-AQUILES NAZOA (1920-1976)
86.-PEDRO FRANCISCO LIZARDO (1920-2001)
87.-ELIZABETH SCHÔN (1921-2008)
88.-JOSÉ RAMÓN MEDINA (San Francisco de Macaria, 1921)
89.-LUIS PASTORI (La Victoria, 1921)
90.-TOMÁS ALFARO CALATRAVA (1922-1953)
91.-JUAN SÁNCHEZ PELAEZ (1922-2003)
92.-ALÍ LAMEDA (1923-1995)
93.-ALIRIO UGARTE PELAYO (1924-1966)
94.-IDA GRAMCKO (1924-1994)
95.-JEAN ARISTIGUIETA (Guasipati, 1925)
96.-ARNALDO ACOSTA BELLO (1927-1996)
97.-RAFAEL JOSÉ MUÑOZ (1928-1981)
98.-DIONISIO AYMARÁ (1928-1999)
99.-HESNOR RIVERA (Maracaibo, 1928)
100.-LUCILA VELÁSQUEZ (1928-
101.-EMIRA RODRÍGUEZ (1929-
1930-1940
102.-JOSÉ LIRA SOSA (1930-1995)
103.-JESÚS SANOJA HERNÁNDEZ (1930-2007)
104.-FRANCISCO PÉREZ PERDOMO (Boconó, 1930)
105.-RAFAEL CADENAS (Barquisimeto, 1930)
106.-EFRAÍN SUBERO (1931-2007)
107.-JUAN CALZADILLA (Altagracia de Orituco, 1931)
108.-DARÍO LANCINI (1932-
109.-LUIS GARCÍA MORALES (1932-
110.-CARLOS CONTRAMAESTRE (1933-1996)
111.-ALFREDO SILVA ESTRADA (1933)
112.-GUILLERMO SUCRE (Tumeremo, 1933)
113.-EFRAÍN HURTADO (1934-1978)
114.-VÍCTOR VALERA MORA (1935-1984)
115.-RAMÓN PALOMARES (Escuque, 1935)
116.-TEÓFILO TORTOLERO (1936-1990)
117.-CAOPOLICÁN OVALLES (1936-2001)
118.-EDMUNDO ARAY (Maracay, 1936)
119.-LUDOVICO SILVA (1937-1988)
120.-ALFREDO CHACÓN (San Fernando de Apure, 1937)
121.-RAMÓN QUERALES (Matatere, 1937)
122.-LUIS CAMILO GUEVARA (Tucupita, 1937)
123.-MIYÓ VESTRINI (1938-1991)
124.-RAFAEL JOSÉ ÁLVAREZ (1938-2004)
125.-EUGENIO MONTEJO (1938-2008)
126.-LUBIO CARDOZO (Caracas, 1938)
127.-ELENA VERA (1939-1998)
1940-1950
128.-JOAQUÍN MARTA SOSA (Nogueira, Portugal, 1940)
129.-GUSTAVO PEREIRA (Punta de Piedra, 1940)
130.-LUIS ALBERTO CRESPO (Carora, 1941)
131.-JOSÉ BARROETA (1942-2006)
132.-LYDIA FRANCO FARÍAS (1943-2004)
133.-ALFREDO CORONIL HARTMANN (Caracas, 1943)
134.-BLAS PEROZO NAVEDA (Maracaibo, 1943)
135.-JULIO MIRANDA (1945-1998)
136.-ENRIQUE MUJICA (San Juan de los Morros, 1945)
137.-REYNALDO PÉREZ SÓ (Caracas, 1945)
138.-MARÍA FERNÁNDA PALACIOS (Caracas, 1945)
139.-HANNY OSSOTT (1946-2002)
140.-MARGARA RUSSOTTO (Palermo, Italia, 1946)
141.-ELEAZAR LEÓN (Caracas, 1946)
142.-ELÍ GALINDO (1947-2006)
143.-MARÍA CLARA SALAS (Caracas, 1947)
144.-ENRIQUE HERNÁNDEZ D’JESÚS (Mérida, 1947)
145.-WILLIAM OSUNA (Caracas, 1948)
146.-ARMANDO ROJAS GUARDIA (Caracas, 1949)
147.-ALEJANDRO OLIVEROS (Valencia, España, 1948)
148.-RAMÓN ORDAZ (El Tigre, 1948)
1950-1960
149.-LUIS ALBERTO ANGULO (Caracas, 1950)
150.-CECILIA ORTIZ (San Casimiro, 1951)
151.-DOUGLAS BOHÓRQUEZ (Maracaibo, 1951)
152.-ÍGOR BARRETO (San Fernando de Apure, 1952)
153.-MIGUEL JAMES (Trinidad y Tobago, 1953)
154.-LUIS FELIPE BELLORÍN (Caracas, 1954)
155.-ADHELY RIVERO (Arismendi, 1954)
156.-LÁZARO ÁLVAREZ (San Felipe, 1954)
157.-YOLANDA PANTIN (Caracas, 1954)
158.-LUIS EDUARDO ZAMBRANO COLMENARES (Caracas, 1955)
159.-SANTOS LÓPEZ (El Tigrito, 1955)
160.-JAVIER LASARTE (Caracas, 1955)
161.-MIGUEL MÁRQUEZ (Caracas, 1955)
162.-MARITZA JIMÉNEZ (Caracas, 1956)
163.-MARÍA AUXILIADORA ÁLVAREZ (Caracas, 1956)
164.-BERVERLY PÉREZ REGO (Halifax, Canadá, 1957)
165.-MHARÍA VÁSQUEZ BENARROCH (Pontevedra, España, 1958)
166.-MARTA KORNBLITH (1959-1997)
167.-RAFAEL ARRÁIZ LUCCA (Caracas, 1959)
168.-RAFAEL CASTILLO ZAPATA (Caracas, 1959)
169.-LEONARDO PADRÓN (Caracas, 1959)
170.-CÉSAR SECO (Coro, 1959)
1960-1970
171.- PATRICIA GUZMÁN (Caracas, 1960)
172.-ALBERTO BARRERA TYSZKA (Caracas, 1960)
173.-JOSÉ ANTONIO YEPES AZPARREN (Barquisimeto, 1960)
174.-MARÍA ANTONIETA FLORES (Caracas, 1960)
175.-GONZALO FRAGUI (Mucutuy, 1960)
176.-ALICIA TORRES (Caracas, 1960)
177.-SIMÓN PETIT (Punta Cardón, 1961)
178.-LOURDES SIFONTES (Caracas, 1961)
179.-SONIA CHOCRÓN (Caracas, 1961)
180.-MANON KÜBLER (Caracas, 1961)
181.-CARMEN LEONOR FERRO (Caracas, 1962)
182.-ASTRID LANDER (Caracas, 1962)
183.-MARIBEL DA SILVA (Los Teques, 1962)
184.-GREGORY ZAMBRANO (Caracas, 1963)
185.-MIGUEL MARCOTRIGIANO LUNA (Caracas, 1963)
186.-TAREK WILLIAM SAAB (El Tigre, 1963)
187.-WAFI SALIH (Valera, 1965)
188.-LIBESLAY BERMÚDEZ (Caracas, 1965)
189.-ALEXIS ROMERO (Ciudad Guayana, 1966)
190.-JACQUELINE GOLDBERG (Maracaibo, 1966)
191.-BEATRIZ ALICIA GARCÍA (Caracas, 1966)
192.-CARMEN VERDE AROCHA (Caracas, 1967)
193.-MARIELA CASAL (Acarigua, 1967)
194.-ELEONORA REQUENA (Caracas, 1968)
1970-1980
195.-LUIS ENRIQUE BELMONTE (Caracas, 1971)
196.-ALEJANDRA SEGOVIA (Caracas, 1973)
197.-XIMENA BENÍTEZ (Caracas, 1974)
198.-ERIKA REGINATO (Caracas, 1977)
199.-ODETTE DA SILVA (Caracas, 1978)
1980-1990
200.-NATASHA TINIACOS (Maracaibo, 1981)

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domingo 7 de junio de 2009

6TO FESTIVAL MUNDIAL DE POESÍA



por José Jesús Villa Pelayo


El año pasado, entre el 18 y el 25 de mayo, se llevó a cabo el 5to. Festival Mundial de Poesía, en toda Venezuela. Se realizó en homenaje al poeta venezolano Gustavo Pereira.

Recuerdo que participé en el Festival, el día sábad
o 24 de mayo, en la Sala 1 del Centro de Estudios Latinoamericanos "Rómulo Gallegos" (CELARG). Otros miembros de la Red Nacional de Escritores de Venezuela-Capítulo Caracas también participaron en dicho evento.


Este año, se efectuará el 6to Festival Mundial de Poesía en todos los rincones del país, entre el 29 de junio y el 4 de julio. Hay que recordar que el Festival Mundial de Poesía lo organiza la Casa Nacional de las Letras "Andrés Bello".

He sido invitado a participar en tres recitales de poesía, lo cual agradezco infinitamente. Está dedicado el Festival al poeta y artista plástico venezolano Juan Calzadilla, uno de los más importantes poetas vivos de Venezuela.

La Red Nacional de Escritores de Venezuela-Capítulo Caracas estará presente apoyando el Festival con sus recitales, con sus poetas, narradores, ensayistas. Desde ya auguramos un evento de enormes dimensiones y de extraordinaria resonancia.

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lunes 1 de junio de 2009

Gran Antología de la Poesía Venezolana /Siglos XVIII, XIX y XX

Grupo "Viernes"


por José Jesús Villa Pelayo


En el año 2007, comencé a pensar en un proyecto literario al cual titulé, provisionalmente, Gran Antología de la Poesía Venezolana /Siglos XVIII, XIX y XX.
Incluye la “Magna Antología” un ensayo introductorio, a manera de prólogo, una reflexión histórica y crítica sobre unos doscientos cincuenta años de poesía venezolana; una clasificación de sus períodos, revistas, grupos y, por supuesto, un Canon, y, por supuesto, una pequeña ficha personal de cada poeta y un poema de cada uno de ellos.

Hoy les entrego el Canon del Proyecto "Magna Antología".


1700-1800
1.-SOR MARÍA DE LOS ÁNGELES (1765-1818)
2.-ANDRÉS BELLO (1781-1865)
3.-SIMÓN BOLÍVAR (1783-1830)
1800-1810
4.-JOSÉ ANTONIO MAITÍN (1804-1874)
5.-ANTONIO ROS DE OLANO (1808-1886)
1810-1820
6.-RAFAEL MARÍA BARALT (1810-1860)
7.-CECILIO ACOSTA (1818-1881)
8.-JOSÉ HERIBERTO GARCÍA DE QUEVEDO (1819-1871)
1820-1830
9.-ABIGAÍL LOZANO (1821-1866)
10.-JOSÉ RAMÓN YEPES (1822-1881)
11.-ELOY ESCOBAR (1824-1889)
12.-JOSÉ ANTONIO CALCAÑO (1827-1897)
1830-1840
1840-1850
13.-IDELFONSO VÁSQUEZ (1840-1920)
14.-JACINTO GUTIÉRREZ COLL (1845-1901)
15.-JOSÉ ANTONIO PÉREZ BONALDE (1846-1892)
1850-1860
16.-MIGUEL SÁNCHEZ PESQUERA (1851-1920)
1860-1870
17.-ABELARDO GORROCHOTEGUI (1861-1927)
18.-FRANCISCO LAZO MARTÍ (1864-1909)
19.-GABRIEL E. MUÑOZ (1864-1908)
20.-SALUSTIO GONZÁLEZ RINCONES (1866-1933)
21.-LUIS CHURIÓN (1869-1945)
1870-1880
22.-VÍCTOR RACAMONDE (1870-1908)
23.-ANDRÉS MATA (1870-1931)
24.-ELÍAS DAVID CURIEL (1871-1924)
25.-SAMUEL DARÍO MALDONADO (1870-1925)
26.-UDÓN PÉREZ (1871-1926)
27.-MANUEL DÍAZ RODRÍGUEZ (1871-1927)
28.-RUFINO BLANCO FOMBONA (1874-1944)
29.-CARLOS BORGES (1875-1932)
1880-1890
30.-SERGIO MEDINA (1882-1933)
31.-JOSÉ TADEO ARREAZA CALATRAVA (1882-1970)
32.-ALFREDO ARVELO LARRIVA (1883-1927)
33.-JUAN SANTAELLA (1883-1927)
34.-ISMAEL URDANETA (1885-1928)
35.-LUIS YÉPEZ (1885-1964)
36.-ENRIQUETA ARVELO LARRIVA (1886-1962)
37.-ELÍAS SÁNCHEZ RUBIO (1888-1931)
38.-LEONCIO MARTÍNEZ (1888-1941)
1890-1900
39.-JOSÉ ANTONIO RAMOS SUCRE (1890-1930)
40.-RÓMULO MADURO (1890-1933)
41.-FRANCISCO PIMENTEL (1890-1942)
42.-JORGE SCHMIDKE (1890-1981)
43.-CRUZ SALMERÓN ACOSTA (1892-1930)
44.-FERNANDO PAZ CASTILLO (1893-1981)
45.-JULIO MORALES LARA (1893-1952)
46.-RAFAEL OLIVARES FIGUEROA (1893-1972)
47.-ENRIQUE PLANCHART (1894-1953)
48.-LUIS ENRIQUE MÁRMOL (1897-1926)
49.-RODOLFO MOLEIRO (1898-1970)
50.-RAFAEL YEPES TRUJILLO (1898-1972)
51.-LUIS BARRIOS CRUZ (1898-1968)
52.-RODOLFO MOLEIRO (1898-1970)
53.-ÁNGEL MIGUEL QUEREMEL (1899-1939)
1900-1910
54.-JOSÉ RAMÓN HEREDIA (1900-1987)
55.-LUIS FERNANDO ÁLVAREZ (1901-1952)
56.-JACINTO FOMBONA PACHANO (1901-1962)
57.-LUISA DEL VALLE SILVA (1902-1962)
58.-PEDRO SOTILLO (1902-1977)
59.-MANUEL FELIPE RUGELES (1903-1959)
60.-ANTONIO ARRÁIZ (1903-1962)
61.-ALBERTO ARVELO TORREALBA (1905-1971)
62.-MARÍA CALCAÑO (1906-1956)
63.-OTTO DE SOLA (1908-1975)
64.-MIGUEL OTERO SILVA (1908-1985)
65.-JOSÉ ANTONIO DE ARMAS CHITTY (1908-1995)
66.-LUIS CASTRO (1909-1933)
67.-PABLO ROJAS GUARDIA (1909-1978)
68.-MIGUEL RAMÓN UTRERA (1909-1993)
1910-1920
69.-ANA MERCEDES PÉREZ (1910-
70.-HÉCTOR GUILLERMO VILLALOBOS (1911-1986)
71.-PASCUAL VENEGAS FILARDO (1911-2003)
72.-VICENTE GERBASI (1913-1992)
73.-JUAN BEROES (1914-1975)
74.-LUIS BELTRÁN GUERRERO (1914-1997)
75.-CARLOS AUGUSTO LEÓN (1914-1997)
76.-JUAN LISCANO (1915-2001)
77.-ANTONIA PALACIOS (1915-2001)
78.-RAFAEL ÁNGEL INSAUSTI (1916-1978)
79.-LUZ MACHADO (1916-1999)
80.-ERNESTO LUIS RODRÍGUEZ (1916-1999)
81.-PÁLMENEZ YARZA (1916-2006)
82.-PEDRO PABLO PAREDES (1917-
83.-ANA ENRIQUETA TERÁN (Valera, 1918)
84.-ELISEO JIMÉNEZ SIERRA (1919-
1920-1930
85.-AQUILES NAZOA (1920-1976)
86.-PEDRO FRANCISCO LIZARDO (1920-2001)
87.-ELIZABETH SCHÔN (1921-2008)
88.-JOSÉ RAMÓN MEDINA (San Francisco de Macaria, 1921)
89.-LUIS PASTORI (La Victoria, 1921)
90.-TOMÁS ALFARO CALATRAVA (1922-1953)
91.-JUAN SÁNCHEZ PELAEZ (1922-2003)
92.-ALÍ LAMEDA (1923-1995)
93.-ALIRIO UGARTE PELAYO (1924-1966)
94.-IDA GRAMCKO (1924-1994)
95.-JEAN ARISTIGUIETA (Guasipati, 1925)
96.-ARNALDO ACOSTA BELLO (1927-1996)
97.-RAFAEL JOSÉ MUÑOZ (1928-1981)
98.-DIONISIO AYMARÁ (1928-1999)
99.-HESNOR RIVERA (Maracaibo, 1928)
100.-LUCILA VELÁSQUEZ (1928-
101.-EMIRA RODRÍGUEZ (1929-
1930-1940
102.-JOSÉ LIRA SOSA (1930-1995)
103.-JESÚS SANOJA HERNÁNDEZ (1930-2007)
104.-FRANCISCO PÉREZ PERDOMO (Boconó, 1930)
105.-RAFAEL CADENAS (Barquisimeto, 1930)
106.-EFRAÍN SUBERO (1931-2007)
107.-JUAN CALZADILLA (Altagracia de Orituco, 1931)
108.-DARÍO LANCINI (1932-
109.-LUIS GARCÍA MORALES (1932-
110.-CARLOS CONTRAMAESTRE (1933-1996)
111.-ALFREDO SILVA ESTRADA (1933)
112.-GUILLERMO SUCRE (Tumeremo, 1933)
113.-EFRAÍN HURTADO (1934-1978)
114.-VÍCTOR VALERA MORA (1935-1984)
115.-RAMÓN PALOMARES (Escuque, 1935)
116.-TEÓFILO TORTOLERO (1936-1990)
117.-CAOPOLICÁN OVALLES (1936-2001)
118.-EDMUNDO ARAY (Maracay, 1936)
119.-LUDOVICO SILVA (1937-1988)
120.-ALFREDO CHACÓN (San Fernando de Apure, 1937)
121.-RAMÓN QUERALES (Matatere, 1937)
122.-LUIS CAMILO GUEVARA (Tucupita, 1937)
123.-MIYÓ VESTRINI (1938-1991)
124.-RAFAEL JOSÉ ÁLVAREZ (1938-2004)
125.-EUGENIO MONTEJO (1938-2008)
126.-LUBIO CARDOZO (Caracas, 1938)
127.-ELENA VERA (1939-1998)
1940-1950
128.-JOAQUÍN MARTA SOSA (Nogueira, Portugal, 1940)
129.-GUSTAVO PEREIRA (Punta de Piedra, 1940)
130.-LUIS ALBERTO CRESPO (Carora, 1941)
131.-JOSÉ BARROETA (1942-2006)
132.-LYDIA FRANCO FARÍAS (1943-2004)
133.-ALFREDO CORONIL HARTMANN (Caracas, 1943)
134.-BLAS PEROZO NAVEDA (Maracaibo, 1943)
135.-JULIO MIRANDA (1945-1998)
136.-ENRIQUE MUJICA (San Juan de los Morros, 1945)
137.-REYNALDO PÉREZ SÓ (Caracas, 1945)
138.-MARÍA FERNÁNDA PALACIOS (Caracas, 1945)
139.-HANNY OSSOTT (1946-2002)
140.-MARGARA RUSSOTTO (Palermo, Italia, 1946)
141.-ELEAZAR LEÓN (Caracas, 1946)
142.-ELÍ GALINDO (1947-2006)
143.-MARÍA CLARA SALAS (Caracas, 1947)
144.-ENRIQUE HERNÁNDEZ D’JESÚS (Mérida, 1947)
145.-WILLIAM OSUNA (Caracas, 1948)
146.-ARMANDO ROJAS GUARDIA (Caracas, 1949)
147.-ALEJANDRO OLIVEROS (Valencia, España, 1948)
148.-RAMÓN ORDAZ (El Tigre, 1948)
1950-1960
149.-LUIS ALBERTO ANGULO (Caracas, 1950)
150.-CECILIA ORTIZ (San Casimiro, 1951)
151.-DOUGLAS BOHÓRQUEZ (Maracaibo, 1951)
152.-ÍGOR BARRETO (San Fernando de Apure, 1952)
153.-MIGUEL JAMES (Trinidad y Tobago, 1953)
154.-LUIS FELIPE BELLORÍN (Caracas, 1954)
155.-ADHELY RIVERO (Arismendi, 1954)
156.-LÁZARO ÁLVAREZ (San Felipe, 1954)
157.-YOLANDA PANTIN (Caracas, 1954)
158.-LUIS EDUARDO ZAMBRANO COLMENARES (Caracas, 1955)
159.-SANTOS LÓPEZ (El Tigrito, 1955)
160.-JAVIER LASARTE (Caracas, 1955)
161.-MIGUEL MÁRQUEZ (Caracas, 1955)
162.-MARITZA JIMÉNEZ (Caracas, 1956)
163.-MARÍA AUXILIADORA ÁLVAREZ (Caracas, 1956)
164.-BERVERLY PÉREZ REGO (Halifax, Canadá, 1957)
165.-MHARÍA VÁSQUEZ BENARROCH (Pontevedra, España, 1958)
166.-MARTA KORNBLITH (1959-1997)
167.-RAFAEL ARRÁIZ LUCCA (Caracas, 1959)
168.-RAFAEL CASTILLO ZAPATA (Caracas, 1959)
169.-LEONARDO PADRÓN (Caracas, 1959)
170.-CÉSAR SECO (Coro, 1959)
1960-1970
171.- PATRICIA GUZMÁN (Caracas, 1960)
172.-ALBERTO BARRERA TYSZKA (Caracas, 1960)
173.-JOSÉ ANTONIO YEPES AZPARREN (Barquisimeto, 1960)
174.-MARÍA ANTONIETA FLORES (Caracas, 1960)
175.-GONZALO FRAGUI (Mucutuy, 1960)
176.-ALICIA TORRES (Caracas, 1960)
177.-SIMÓN PETIT (Punta Cardón, 1961)
178.-LOURDES SIFONTES (Caracas, 1961)
179.-SONIA CHOCRÓN (Caracas, 1961)
180.-MANON KÜBLER (Caracas, 1961)
181.-CARMEN LEONOR FERRO (Caracas, 1962)
182.-ASTRID LANDER (Caracas, 1962)
183.-MARIBEL DA SILVA (Los Teques, 1962)
184.-GREGORY ZAMBRANO (Caracas, 1963)
185.-MIGUEL MARCOTRIGIANO LUNA (Caracas, 1963)
186.-TAREK WILLIAM SAAB (El Tigre, 1963)
187.-WAFI SALIH (Valera, 1965)
188.-LIBESLAY BERMÚDEZ (Caracas, 1965)
189.-ALEXIS ROMERO (Ciudad Guayana, 1966)
190.-JACQUELINE GOLDBERG (Maracaibo, 1966)
191.-BEATRIZ ALICIA GARCÍA (Caracas, 1966)
192.-CARMEN VERDE AROCHA (Caracas, 1967)
193.-MARIELA CASAL (Acarigua, 1967)
194.-ELEONORA REQUENA (Caracas, 1968)
1970-1980
195.-LUIS ENRIQUE BELMONTE (Caracas, 1971)
196.-ALEJANDRA SEGOVIA (Caracas, 1973)
197.-XIMENA BENÍTEZ (Caracas, 1974)
198.-ERIKA REGINATO (Caracas, 1977)
199.-ODETTE DA SILVA (Caracas, 1978)
1980-1990
200.-NATASHA TINIACOS (Maracaibo, 1981)

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sábado 23 de mayo de 2009

EL SUR TAMBIÉN EXISTE

MARIO BENEDETTI

Con su ritual de acero
sus grandes chimeneas
sus sabios clandestinos
su canto de sirena
sus cielos de neón
sus ventas navideñas
su culto de Dios Padre
y de las charreteras
con sus llaves del reino
el Norte es el que ordena

pero aquí abajo, abajo
el hambre disponible
recurre al fruto amargo
de lo que otros deciden
mientras el tiempo pasa
y pasan los desfiles
y se hacen otras cosas
que el Norte no prohibe.
Con su esperanza dura
el Sur también existe.

Con sus predicadores
sus gases que envenenan
su escuela de Chicago
sus dueños de la tierra
con sus trapos de lujo
y su pobre osamenta
sus defensas gastadas
sus gastos de defensa.
Con su gesta invasora
el Norte es el que ordena.

Pero aquí abajo, abajo
cada uno en su escondite
hay hombres y mujeres
que saben a qué asirse
aprovechando el sol
y también los eclipses
apartando lo inútil
y usando lo que sirve.
Con su fe veterana
el Sur también existe.

Con su corno francés
y su academia sueca
su salsa americana
y sus llaves inglesas
con todos sus misiles
y sus enciclopedias
su guerra de galaxias
y su saña opulenta
con todos sus laureles
el Norte es el que ordena.
Pero aquí abajo, abajo
cerca de las raíces
es donde la memoria
ningún recuerdo omite
y hay quienes se desmueren
y hay quienes se desviven
y así entre todos logran
lo que era un imposible
que todo el mundo sepa
que el Sur,
que el Sur también existe

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viernes 3 de abril de 2009

EL SILENCIO DE LOS ÁNGELES

Una elegía por la muerte de Estefania Mosca

por Mercedes Franco



¿Callas, princesa? Me niegas la música de las rosas, el intenso aroma del arpa, el sereno color de tu voz pequeña y sutil. Te pedí encontrarnos y me enviaste un silencio inalcanzable. Ahora duermes lejana y ajena, pequeña bailarina, cuerpo de etrusca o romana, ciego el mundo que dejas, con su música de nadie, coro de las calles oscuras que huyen hacia el olvido. Huye aromada de peces interminables la huella de tu pie, subes sendas de brisas vagas, de helechos suaves y soles minerales, bailas con las aves y los astros, bella en el huerto de tu casa infantil. No te he perdido, princesa mía, solitaria, duermes en un breve instante, en un ardor de girasoles encendidos. Cabellera de miel, pluma de oro, aguardas sentada en una gran roca blanca a un lado del camino. Junto a ti yace el silencio de los ángeles.

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miércoles 1 de abril de 2009

LUDOVICO SILVA


por José Jesús Villa Pelayo

          Tenía el perfil de los ángeles. La estirpe de un arcángel renacentista que no hallaba su lugar entre las cosas sublunares y el mundo. Había sido ornado por la poesía (su Vía Sacra, su camino sagrado) que, como el socialismo, fue para él un carruaje con el cual cruzar el infierno. Un Dante capaz de andar en medio del fuego. Y aun así escribió:
Mi estirpe es la de los lobos.

Aúllo por doquier, lanzo mordiscos al universo.
Me muerdo a veces a mí mismo
creyendo que soy otro,
pero luego descanso en mis propios brazos.
Descanso, descanso. [1]
         “In Vino Veritas”. Pero era la verdad de los lobos que se devoran a sí mismos y se protegen en la oscuridad; la verdad de la orfandad, de los ángeles postmodernos. En realidad, la estirpe de Ludovico venía del cielo, allí no aúllan ni se escucha la música de los lobos, aunque ciertamente hay “Descanso, descanso”. Así es que, Ludo, como le decían sus amigos, había alcanzado, premeditadamente, estoy seguro, las estrellas de Algol, ese lugar habitado únicamente por lo que llamamos ingenuamente “poesía” [ποίησις].
          No lo conocí personalmente, él había muerto en diciembre de 1988, y un amigo en común, que estuvo cerca de él durante esos días del último suplicio, me llevó a su casa, si mal no recuerdo, a mediados de 1989. Allí conocí a su Beatriz, en cuyo rostro habitaba un halo de nostalgia, tristeza y pérdida irreparable; porque como Dante, Guido Cavalcanti o Raimbaut de Vaqueiras, Ludovico Silva tenía su propia Beatriz, la misma a quien le escribió:
Che nel laco del amor m’era durata
la notte ch’io passai con tanta pieta…
La memoria es la madre de los poetas
 y tú eres una gigantesca memoria
que se me transforma en un Recuerdo
cada vez que me hundo entre tus ojos. [2]
         Recuerdo la primera impresión que tuve de su apartamento, de sus libros, de su biblioteca inmensa. Mucha literatura y textos de filosofía y política, escritos en alemán, francés, inglés o italiano.
          Imaginé  a Ludovico, por un instante, leyendo reposadamente El Capital [Das Kapital] en su idioma original, allí, en su casa, en su templo.
          Yo había estudiado alemán, un par de años, en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela y había llegado a traducir, toscamente, a Kant y a Paul Celan, y comprendía lo complicado y duro que podía ser el leer o el traducir el alemán al español.
          Me sorprendió la atmósfera increíblemente adusta, de recogimiento, que allí habitaba. Parecía más un monasterio con una enorme biblioteca, acaso en Bolonia, en Emilia Romagna o en Saint Remy que la biblioteca de una casa familiar. Por eso no podía entender esos versos en los que, como a través de un espejo, Ludovico contemplaba en su propio rostro el perfil de un lobo. Empero, el espejo, como las monedas, siempre tiene dos caras, como el del poeta romano Publio Ovidio Nasón [Publius Ovidius Naso] en Las Metamorfosis [Metamorphoseon]. Al parecer, ángeles y lobos no coexisten.
         Tal vez Ludovico despertaba algunas veces, como Gregorio Sasmsa, transformado en un lobo, creyendo que era otra persona, descansando en sus propios brazos. El lobo era quizás el doppelgänger del niño con alas de ángel.
          Algunos de sus amigos tenían también esta impresión, esta huella de su estirpe y de su rostro. Testigos presenciales, los llamo, en mi argot forense de abogado litigante. Yo, desde mi estrado, lo juzgo. Juzgo al niño con alas que tocaba el acordeón, como puedo juzgarlo todo desde este rincón protegido y lejano.
        No lo veo ahora. Pero sé que tenía un rostro melancólico, una mirada de ángel ausente, siempre perdida, en un horizonte desconocido. Cerraba largos silencios, y su alma parecía escapar a otros mundos mejores. No obstante, Ludovico era un ángel profundamente enamorado de la tierra y de sus seres. En uno de sus poemas más famosos, “El sexo de los ángeles”, se halla nítida y hermosamente labrada esta idea:
Mis ángeles son ángeles con sexo.
Yo, nada teológico, pero erecto y divino
veo una mujer ángel en mis sueños.
Tiene espíritu y carne
y  tiembla cuando la toco,
vuela en torno mío
como una mariposa de cristal
y  se detiene en lo alto de mi torre
de mármol.
Como invitándome a escalarla.
Mi angelesa me cuenta, por las noches,
después de la tormenta del amor,
cosas acerca de la soledad de dios.
Dios está helado
en su propia memoria,
recordando a Lucifer
el ángel de la luz que lo alumbraba
cuando estaba prisionero
del tedio de la eternidad.
Mi angelesa me sigue a todas partes.
Como una mujer fiel.
Yo amo su sexo puro y hermoso
como el tiempo. [3]
          Diríase por ello que Ludovico era una suerte de sacerdote, el oficiante de un monasterio que encontraba en el alcohol la verdad y la poesía, tal vez una ruta hierofante que él conocía y manejaba a la perfección. Así es que, Ludovico Silva participaba, de ambos mundos y de ambas estirpes, como la mujer ángel de sus sueños. Sigue en su poema “In Vino Veritas”:
Para luego renacer más lobo que nunca:
Mascando, escarbando, gruñendo,
Mascando mis heridas,
Escarbando mis huesos,
Gruñendo hasta lo indecible. [4]
         Pero la verdad del vino, en Ludovico, era semejante a la verdad del vino en Khayyam, el místico sufí de Robert Graves que yo había conocido en la Escuela de Letras, algunos años atrás, de la mano del poeta Eleazar León. El Kayyham de Edward Fitzgerald era más feroz y epicúreo y probablemente menos cósmico y estoico.
          Detrás de las heridas del lobo se esconde un místico. Detrás de la máscara y el doble habitan las estelas celestes. En realidad, Ludovico era un asceta que se refugiaba en el vino (vehículo de conexión con lo sagrado y lo humano), lo usufructuaba, y no era más que el Kykeon [κυκάω] del camino sagrado de los iniciados y sacerdotes en el Telesterion.
          Esa fue la impresión, general y profunda, que tuve al entrar al apartamento de Ludovico Silva unos pocos meses después de su muerte. Esperó con ansia, cuenta una amiga, la publicación de un libro hasta el último momento. Sólo después de su muerte, Monte Ávila Editores lo publicó. Cosas del destino o cosas de lobos.
          Me encontré, repentinamente, en un templo, en la guarida mística (su apartamento) de alguna secta de sabios órficos. Y su último habitante había sido un sacerdote, el oficiante de un rito eleusino, pero no ocultista.
          En su ensayo Las misteriosas correspondencias, Ludovico Silva escribe:
…pero no hay necesariamente que ser ocultista para apelar a las analogías. Que yo sepa, Hesíodo no era ocultista, ni Homero tampoco; ni Teognis, ni Tirteo, ni Hiponacte, ni Arquíloco. Ni siquiera en los ritos eleusinos había propiamente ocultismo; aquello era una manifestación popular, y el pueblo entero caminaba por la Vía Sacra para poder llegar a la llanura de Eleusis, al Telesterion, donde se realizaba la myesis o iniciación a los misterios. [5]
          En ocasiones, Ludovico era Juan, el apóstol, en la isla de Patmos, gravitando entorno a sí mismo, a su soledad, escribiendo o reescribiendo sus revelaciones; sumergido en alucinaciones de la poesía y visiones del futuro, del presente y del pasado; un profeta de la poesía y del socialismo, el cual interpretó, de una manera muy particular y autóctona, con los matices de un hombre caribeño que, paradójicamente, lucía el aire sereno, meditativo y grave de un teutón. Una “misteriosa correspondencia”.
         Aunque Ludovico bebía en exceso, lo hacía siempre recatadamente, en casa, y de la experiencia con el alcohol extraía poemas, a la manera de los surrealistas. “A ver Beatriz, un poco más de alcohol”. No era un bardo de taberna, como Christopher Marlow o Fancois Villon. Tenía el pudor de que no se le viera y, en realidad, nunca se le observó ebrio en lugares públicos. No frecuentaba bares y era sobrio en el decir y fundamentalmente austero en el vestir. Nunca tenía una mala opinión sobre nadie. Era un hombre de ademanes suaves. Muy pocas veces sonreía, y se sumergía en el infinito, en su infinito. La impresión que daba era la de un ángel perdido en la tierra, que se identificaba naturalmente con el socialismo porque repartía benevolencia, equidad y justicia. Entonces, podríamos decir que era un hombre perfectamente apolíneo en su forma de pensar y de actuar.
         Sus amigos tendían a protegerlo, a mimarlo (prosiguen los testigos presenciales), por esa condición de ángel desvalido o de niño con alas o de mensajero ciego, como Homero, que, en su poética, es símbolo y manifestación de la poesía.
          Se preocupaba por la esencia de la poesía (como Heidegger) que veía desvirtuada en muchos contemporáneos. Continúa Ludovico en “In Vino Veritas”:
Ah, qué suculento es este brazo
Mío, propio de mí!
Sabe a mi historia, y cuando sangra
Sabe a mi prehistoria.
Mi dedo gordo no está mal,
Salvo sus uñas extremadamente largas
Que, por lo demás, son un buen condimento.
En cuanto a mis piernas
La verdad es que me apetecen,
Pero no puedo llegar muy bien a ellas;
Se necesitaría, amor mío, tener cuello de araña
Para poder llegar con mis dientes a mis piernas.
Empero, yo llegaré; ese es mi propósito más firme. [6]
          He dicho que Ludovico Silva era un hierofante de los misterios eleusinos, un hombre fascinado por el misterio [μυστήριον] y el enigma [αἴνιγμα] en poesía, política y filosofía; preocupado por la esencia de la poesía. Empero, tenía también esta condición intrínseca y única de mensajero ciego, de vate (poeta y adivino) que lo acercaba, como Borges, a Homero; porque, para Ludovico, el poeta era un mensajero ciego, conductor de esos arcanos y mensajes cifrados. ¿Recuerdan aquel poema de Jorge Luis Borges en “El Hacedor”: el poeta se mira a sí mismo en el aeda ciego?
Gradualmente, el hermoso universo fue abandonándolo; una terca neblina le borró las líneas de la mano, la noche se despobló de estrellas, la tierra era insegura bajo sus pies. Todo se alejaba y se confundía. Cuando supo que se estaba quedando ciego, gritó. [7]
         En el famoso ensayo que le dedicara a Homero, escrito de una manera tan sencilla como su propia vida, explica Ludovico:


Homero, según dicen, es una leyenda, pero eso no importa, porque una leyenda. Como decía Machado, es la mejor manera de pasar a la historia. Homero era ciego, pero eso no importa, porque el ciego, como dice Borges, ve más allá del mundo visible y puede hacer filosofía, que según dice Platón es la ciencia de las cosas invisibles. Homero fue un poeta ciego de tanto ver (…). [8]

          Los poetas, decía Juan Bautista Vico (citado por el profesor Harold Bloom en La angustia de las influencias [The anxiety of influence]:

                   
Poets were properly called divine in the sense of diviners, from divinari, to divine or predict. Their science was called Muse, defined by Homer as the knowledge of good and evil, that is divination…The Muse must thus have been properly at first the science of divining by auspices.
_______________________________________________________

 

…eran propiamente llamados divinos en el sentido de adivinos, de divinari, adivinar o predecir. Su ciencia era llamada Musa, definida por Homero como el conocimiento del bien y del mal, eso es la adivinación…La Musa debe, así, haber sido, en un principio, la ciencia de la adivinación a través de los auspicios. [9]

 

          Ludovico pensaba que la poesía era un “objeto enigmático” (esa idea de la “caja china” y el lenguaje cifrado), aunque también creía que se trataba de un “objeto estético”, desde su posición de observador y filósofo de la tradición poética de la cultura occidental, como él mismo decía, “desde Homero hasta Vicente Gerbasi”. Porque Ludovico era un “observador”, aún más que un filósofo de la poesía, de la política y de la cultura. Pero, por encima de todo, Ludovico era un poeta filósofo, o un filósofo arrastrado por la poesía hacia sus fuentes, en las cuales hallaba toda su potencia creadora. En su ensayo La poesía: objeto enigmático, se lee:
Partitura: Enigma. Interpretación: Misterio. Por cada rayo de luz racional que entra en esa ánfora misteriosa, emergen mil rayos distintos de todos los colores, cada uno de los cuales es portador de un fragmento del enigma total. Pero ya sabemos que en poesía cada parte equivale a la totalidad, pues un poema verdadero reside tanto en su todo como en sus partes (…) Lo que me interesaba resaltar es que el poema en cuanto tal es un enigma y por tanto una totalidad enigmática. En sentido estricto un poema es un objeto rigurosamente enigmático. [10]
         Para Ludovico la poesía no podía estar contenida en ningún elemento narrativo. Debía ser descripción, expresión de sentimientos, pensamientos, emociones y sensaciones.
         Básicamente era apolíneo, a pesar del gruñir del lobo y los encantamientos del alcohol. Su alma, no obstante, siempre fue más a fin con la de Hölderlin que con la de Goethe, a pesar de su basta erudición, estudios formales, capacidad de trabajo, lecturas, dedicación y esfuerzos, porque creía fundamentalmente en el delirio, en las cuatro formas platónicas del delirio: la locura profética, la locura ritual, la locura poética y la locura amorosa.
          Hay que agregar, a este breve perfil del espíritu de Ludovico Silva, que han inspirado nuestros amigos; que Ludo era un hombre esencialmente bolivariano, nacionalista, profundamente conocedor de la historia de Venezuela en sus más íntimos detalles y admirador del idealismo del Libertador.
          Como buen marxista, también era un idealista que soñaba con lo que podría ser una utopía: la justicia social esparcida alrededor del mundo, tan sensibilizado como estaba ante la injusticia.
          Tenía el perfil de los ángeles, es cierto, y la estirpe de un arcángel renacentista que no hallaba su lugar entre las cosas sublunares y el mundo. Pero también tenía el perfil de un poeta, de un gran poeta y de un hombre.
NOTAS
___________________________________________
[1] Silva, Ludovico (2006). In Vino Veritas. Caracas. Fondo Editorial IPASME/Fundación Ludovico Silva: pp.15.
[2] Silva, Ludovico; Pallini, Santiago (2006). Homenaje a Ludovico Silva. Fondo Editorial IPASME/ Fundación Ludovico Silva: pp.2.
[3] Quizá el poema más conocido de Ludovico Silva
[4] Silva, Ludovico (2006). In Vino Veritas. Caracas. Fondo Editorial IPASME/Fundación Ludovico Silva: pp.15.
[5] __________ (2008). Teoría poética. Caracas. Editorial Equinoccio: pp. 44-45
[6] ­­__________ (2006). In Vino Veritas. Caracas. Fondo Editorial IPASME/Fundación Ludovico Silva: pp.15.
[7] Mauriac, Claude  (1972). La aliteratura contemporánea. Madrid. Ediciones Guadarrama: pp. 190.
[8] Silva, Ludovico (2008). Teoría poética. Caracas. Editorial Equinoccio: pp. 57.
[9] Villa Pelayo, José Jesús (2007). Diario de Alejandría. Fondo Editorial IPASME: pp. 125-126. 

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sábado 28 de febrero de 2009

JOSÉ JESÚS VILLA PELAYO


Prólogo de Mercedes Franco
para la Antología (1991-2009) de José Jesús Villa Pelayo.


Era imprescindible reunir en una antología la poesía de José Jesús Villa Pelayo, autor conocido dentro y fuera de nuestras fronteras, traducido a varios idiomas, y cuya obra mereció, en 1988, el accesit del Premio anual de Poesía de Fundarte y, en 1999, una Mención Honorífica del Premio Municipal de Literatura, entre otros. Su trayectoria une a la poesía el ensayo y la crítica literaria, ejercida en diversas e importantes revistas y diarios venezolanos y extranjeros.

Esta Antología recoge buena parte de su poesía, publicada entre 1991 y 2007, en cuatro libros: Una hiedra negra para Sashne (1991), Nueva York (1992), Mariana de Coimbra (1999), Las arpías vuelan sobre maniatan (2006), Diario de Alejandría (2007); y el poemario inédito Miradas laterales (2009). En realidad, comprende su producción poética entre 1985 y 2009, toda vez que los poemas de Nueva York fueron escritos ente 1985 y 1987.

La muy recordada poeta venezolana Elena Vera pronunció las palabras de presentación de su poemario Nueva York, el día 6 de noviembre de 1992 (en los pasillos de la Facultad de Humanidades de la Universidad Central de Venezuela) bajo el intuitivo y profético título “Presentación de un joven poeta”:

Tal parece que los Dioses me han destinado a ser la presentadora oficial de los poetas jóvenes de nuestro país. En 1980, cuando dirigía, todos los Miércoles, una tertulia literaria en la vieja casa de la "Asociación de Escritores de Venezuela", situada en la Avenida Lecuna entre las esquinas de Velásquez y Miseria; me tocó la suerte de presentar a dos grupos de poetas muy jóvenes para aquel momento, todos estudiantes universitarios y soñadores enpedermidos, que luego se constituirían en los famosos grupos "Tráfico" y "Guayre", hoy convertidos en dirigentes culturales de mucho peso y muchos premios y reconocimientos. Otros muchos poetas (mujeres y hombres) jóvenes pasaron por aquella tertulia que dirigí con profundo amor, entre 1980 y 1982. (…) Los escritores son el espejo de una sociedad, a la cual ellos le devuelven (a través de su obra) su imaginario, sus sueños y sus pesadillas. (…) José Jesús Villa Pelayo comenzó a escribir, según sus propias palabras, a los 17 años, en 1980; lo cual quiere decir que pertenece a la misma generación que los jóvenes poetas de “Tráfico” y “Guayre”, la generación de los 80. Desde muy joven sintió vocación por las artes, comenzó por la pintura y luego incursionó en la música. (…) Como poeta que es, se graduó (no con una tesis de grado convencional, como la gran mayoría) sino con un libro de poesía, Nueva York, el cual había iniciado en 1985. Este trabajo lírico, sin duda excepcional, fue elogiado por el Jurado y también fue muy comentado en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela (…) Su poesía no es fácil. Escuchándola o leyéndola se advierte, detrás de las palabras, una estructura muy sólida, la cual acusa evidentes influencias de la corriente del ‘imaginismo’ norteamericano, especialmente de Ezra Pound y de Thomas Stearns Eliot a quienes, junto con Borges, él considera sus maestros. En todos sus libros se narra una historia y las diversas voces denuncian personajes dramáticos que fragmentan o esconden su propio “yo”. El uso de diversos tiempos verbales obliga al lector a participar en el desarrollo del texto y las fechas que siempre aparecen en sus poemas crean una ambigüedad poética que lo despista. Uno de sus propósitos es la búsqueda de la musicalidad interior del poema, para lograr esto se vale de la antigua aliteración, de los acentos tonales, de la anáfora y de otros recursos poéticos (…) Frente a la poesía actual de nuestro país, José Jesús Villa Pelayo propone una nueva poesía (…) Dejo hoy con ustedes a este joven e importante poeta venezolano, tenemos absoluta fe en su poesía. (1)

Creemos, con Elena Vera, que la poesía de Villa Pelayo “no es fácil”. Está precedida por una poética y una visión muy sofisticada del quehacer literario. Se trata de un mundo orgánico, muy esctructurado y desafiante (para el lector). Una red de artilugios, simulaciones, símbolos, metáforas, falsificaciones, figuras retóricas, imágenes complejas, visiones prerrafaelistas, revelaciones, neo-surrealismo, neo-imaginismo, postmodernismo, citas, bilingüísmo, neo-concretismo, mensajes subterráneos, collage, arcanos, trampas, juegos lingüísticos, fonéticos, musicales, espaciales, máscaras, ciudades reales o imaginarias, metalenguaje, personajes, heterónimos, tejidos y mallas verbales, palabra sopesada, medida, visión cosmopolita, universalismo, provistos de una asombrosa poesía, que, como ha dicho Elena Vera “…obliga al lector a participar en el desarrollo del texto…” y ha influido, desde que sus textos comenzaron a rodar por los pasillos de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, directa o indirectamente, sobre muchos de nuestros jóvenes poetas, quienes han buscado, en la multiplicidad de sus voces, en la filosófica hondura de sus textos y en la armoniosa filigrana de sus versos, una consistencia estética, un cauce que los guíe para dar forma y sentido a sus propias expresiones todavía por fraguar.

Esa obra siempre en forja, la de Villa Pelayo, es la misma que el famoso poeta y crítico italiano Franco Cavallo calificara, en 1991, como “prevalentemente sperimentale” (“preponderantemente experimental”), en cuanto de lúdica tiene, otorgándole su exacto valor, al incluir tres de sus poemas en una Antología de Poesía Internacional publicada en la revista “Altri Termini” de Nápoles, y colocarlo, a sus tempranos 26 años, junto a poetas como Ted Hughes, Edoardo Sanguineti, Claude Roy, Louis Zukofsky, Michel Leiris, Jacques Roubaud, Shimpei Kusano y Octavio Paz, entre otros.

Es a estos aspectos experimentales (que menciona Cavallo y luego el poeta Giorgio Moio en un artículo tituladoTendenze di alcune riviste e poeti a Napoli -1958-1995” para la revista “Risvolti”, en 1998), concretos, lúdicos y postvanguardistas, sin duda, a los que se refería la profesora Elena Vera, una de las personas que mejor entendía la poesía de Villa Pelayo, en la cual hay una luz y una contundencia espiritual y humana que es muy perceptible cuando él la recita en público.

Pero ¿cómo acceder al contundente y fulgurante corpus literario de este creador auténtico, una de las más nítidas voces poéticas de nuestro tiempo? Si la obra es el vivir, no está equivocado el crítico Alexis Márquez Rodríguez, cuando refiriéndose al poeta, expresa en el prólogo del libro Nueva York:

Quise citar estas palabras iniciales del ensayo introductorio de su libro, porque en ellas están los elementos que mejor definen la personalidad de José Jesús Villa Pelayo. Pocas veces, en mi largo y muchas veces íntimo trato con poetas y otros escritores de diversos países, tendencias y estilos, he visto como en su caso una tan grande consustanciación de la vida de un ser humano con la poesía. José Jesús vive en poesía. Para él la poesía es alimento diario, aliento vital, razón de ser. Todo lo demás, modus vivendi incluido, es subsidiario del hecho puro y simple y a la vez tan complejo, de ser poeta. (…) Nueva York es el título del libro de José Jesús. El ensayo introductorio, como ya dije, es una reflexión, muy atildada y sagaz, sobre la poesía, sobre su omnipresencia en el mundo, y por esa vía, sobre su esencia panteísta. (2)

Permanece aún la pureza y el alto oficio de la poesía dentro de las fronteras de su espíritu, y se consolida cada vez más su trabajo literario, imbricado estrechamente con la diafanidad de su vida. Porque hay sólidos vasos comunicantes entre su vida, también compleja, y su obra. Su poesía es densa y profunda y va más allá de los simples decires y artificios vacíos, para expresarse en un lenguaje propio, único, a través de mil lenguajes, en mil eras distintas, en mil rostros diferentes.

Hugo Colmenares resalta los aspectos lúdicos y simbólicos de su poesía en una entrevista que le hiciera para “El Nacional”, en octubre de 1991:

José Jesús Villa Pelayo dice que busca lo simbólico o la imagen, porque su poesía esconde un mensaje puro y sólido. ‘Juego con la estructura estética, con la composición o con la desintegración de la estructura del poema. Una búsqueda para mezclar ficción y realidad en el verso, utilizando personajes que firman poemas. En el caso de Una hiedra…es hablar de Sashne, personaje dramático a quien van dirigidos los versos, representa al hombre en su anhelo de compañía, redención, desconsuelo, Dios o la visión del primer hombre’, explica el joven escritor. (3)

Nueva York
, escrito por Villa Pelayo cuando todavía estudiaba en la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela, es un punto de inflexión en la poesía venezolana de fines del siglo XX, porque fue el puente y eslabón entre la poesía urbana e intimista que se escribió durante los años ‘80 y la poesía de personajes y máscaras de los 90s; porque los ecos y las hondas de choque de ese poemario se multiplicaron, e irradiaron la poesía venezolana de manera sorprendente, incluso mucho antes de ser publicado, en 1992.

En diciembre de ese mismo año, 1992, después de leer Nueva York y Una hiedra negra para Sashne escribí una nota para el “Papel Literario” de “El Nacional” que expresa, poéticamente, mi primera impresión sobre su poesía:

Lo primero que puede observarse en la obra de este joven poeta es su diferencia con el resto de poetas jóvenes de la actualidad, toda una espeluznante camada cada vez más numerosa, algunos demasiado crípticos hasta esotéricos y otros, demasiado amarrados a las calles donde crecieron. Nueva York es un libro de aliento universal, un libro innovador, por la nitidez de las imágenes y por lo explícito del lenguaje, por la estremecedora sencillez del discurso amoroso: “Si vivieras donde estoy navegarías hacia mí”. (De: “Frágiles dedos”) Nueva York, al igual que Una hiedra negra para Sashne y otros libros de Villa Pelayo, logra el balance justo entre el misticismo y la sensualidad. Imágenes de un erotismo sutil y de una fuerza vital arrolladora se conbinan con voces espirituales, profundas y delicadas, y se van tejiendo armónicamente a lo largo del poemario, conformándose de esta manera textos que respiran una nostalgia de lo sublime, pero también un hálito carnal cautivante. La sensualidad pura, de una pureza conmovedora, que alienta en estos poemas les confiere la belleza romántica de los lieder y el gozo melancólico de los spirituals negros. (4)

Amante de la historia del mundo y sus hacedores, esos parias demiurgos, aquellos que trabajan la palabra, perfectos creadores de universos paralelos que acaso se tocan en ocasiones, Villa Pelayo comienza su libro Una hiedra negra para Sashne, publicado por Fundarte en 1991, cuando aún no completaba la treintena, con palabras de uno de sus personajes, Fiedrich R Von Halt:

Nietzsche, sin embargo, jamás me pareció extraño, pero sé que aún él arrastra las cadenas que atan a Dios a los sepulcros. (5)

Pero el poeta desata a Dios de esas cadenas, lo libera en este libro místico, mítico, profano, sensual y religioso. En Una hiedra negra… Dios le habla al hombre con la suprema magnificencia del amor. Habla a la humanidad con voz febricitante de león, de relámpago, de mujer desnuda y tendida, de mórbido pájaro, de hierba mecida por la lluvia, de hombre herido por la tormenta:
He decidido callar para que tú hables,
Eres el reflejo de una imagen
que ya no tengo entre mis dedos. (6)

Huérfanos sus dedos del barro creador, Dios calla. Enmudece y le cede la palabra al hombre, le otorga ese instrumento maravilloso, esa llave que abre mil puertas. La palabra. Es el tiempo del hombre para hablar. Dios calla y nos escucha Y el poeta toma la palabra, como Prometeo el fuego divino y la ofrece a la humanidad y se expresa con voz de hombre y con voz de mujer, con esa voz pluriperfecta que le ha legado Dios.

Sobre Una hiedra negra para Sashne (texto que describió el maestro Juan Liscano como un “poema épico, gnóstico, fundacional”) escribió una nota, perceptiva y erudita, el poeta venezolano Nelson Salvary, en la que lo llama “…un canto de nuestro tiempo”:

(…) A través de todo el largo poema, dividido en nueve cantos, también se crea comunicación con Dios. Pero lo más importante para cierta forma del gusto –en el cual me instalo como lector hedónico- es la hermosura de la voz que a Dios habla y habla por la boca de El. Es una voz de gran sentimiento. Y a la vez es lujosa. (…) La eufonía guía este libro, haciendo figura de dama de largos vestidos y cara nostálgica, como las que gustaban pintar los ilustradores de estirpe romántica en las revistas de poesía de principios de siglo. (…) ¿Quién es Macbeth para el poeta? Es pregunta pertinente porque ese personaje shakespeareano –héroe convertido en antihéroe- es un hilo conductor del discurso poético y en ninguna circunstancia deviene símbolo unívoco y principal (…) ¿Qué se propone el poema? (…) Pareciera aplaudirle a Macbeth el que haya ‘asesinado el sueño’ (en el sentido no de soñar que tiene la palabra sino en la de dormir), pues nadie puede dormir cuando los traidores andan sueltos y armados por los pasillos del palacio (…) Hecho de versos bien cuidados, producto de una muy peculiar madurez poética, este largo poema es un canto de nuestro tiempo a pesar del carácter de época del mundo que nombra. O acaso podría decirse que es intemporal, por aquel a quien interpela. Después de leer tantos libros de poesía despojados de toda retórica, de todo juego de lenguaje –juego que es propio de los grandes poetas- la lectura de Una hiedra negra para Sashne reivindica la fortuna del texto. (7)

Publicado por Fundarte en 1990, y a pesar de haber sido el primer finalista en el Concurso de Poesía de esa editorial, en 1988, Una hiedra negra para Sashne fue, sin embargo, un libro poco comprendido. Como suele ocurrir, la puerilidad de muchos críticos no supo penetrar el hondo misticismo de esta obra, ni la propuesta estética que presentaba, ni el viril retrato, mixto y mítico, de la humanidad que nos ponía por delante. Pero incluso en críticas algo mezquinas y epidérmicas (como la titulada “Hiedra y ocultamientos” del profesor Reynaldo Bello Guerrieri), encontramos un reconocimiento de sus valores literarios:

En el poema, que en su mayor parte es narrativo, las imágenes se suceden hasta el cansancio. No obstante, muchas de ellas son logros poéticos: ‘Entonces hice llover un sello sobre la tierra/donde las serpientes danzan entre cirios’. El poema hace referencias de otros textos la Biblia, El libro de los Muertos, Las mil y una noches, Shakespeare y, de inmediato, descubrimos a Macbeth, Romeo y Julieta y Hamlet. Al largo poema le faltó, o le falta, la revisión de il miglior fabbro. Por supuesto, Pound ya no está, pero otro habrá que le haga los ajustes necesarios. La sonoridad de muchos versos y el buen manejo de los mismos nos ponen en contacto con un tipo de poesía hermética. Sin embargo la sencillez del lenguaje a ratos atrapa y entonces transitamos por su munco de corrientes mitológicas. (8)

En 1993, el novelista e historiador Gerónimo Pérez Rescaniere, escribe una nota que vindica los artilugios verbales, imaginativos y semánticos del poemario:

José Jesús Villa Pelayo ha fabricado un delicadísimo molino con oruga de plata donde introduce y hace guiar los castillos y las amantes, los paisajes de hielo y el simple aire. Salen de allí haciendo figura de sí mismos pero siendo a la vez más finos (…) Si fuera a definirse la poética que está en Una hiedra negra para Sashne, el primer libro de Villa Pelayo y centro de este apunte, se debería decir que la mirada asigna a las cosas roles nuevos, les confiere actos imposibles y que allí está la virtualidad de esta poesía, su capacidad de revelación. Eso es verdad. Pero hay más que técnica en la cosa. Hay un creer-con-éxtasis-para-crear-con-tono-de-éxtasis. Técnica mística, trance vivido y por ello transmitido al lector. (9)

Una nota, visual y precisa, escribió Luis Alberto Crespo, en un artículo titulado “Los poetas llaman en agosto”:

(…) o como José Jesús Villa Pelayo, tan a gusto en el largo decir, allegando a su testimonio amoroso el motivo más antiguo, el de la cosmovisión femenina, donde caben la referencia erudita y el imaginario sentimental (“hice una mujer muy blanca para que lamiese tus dedos”) sobre Una hiedra negra para Sashne, que editara también Fundarte, mientras espera que los distraidos lectores de las casas de papel y los caprichos de la crítica den salvoconducto a su manuscrito Nueva York. (10)

Dos años después, “los distrídos lectores de las casa de papel” publican Nueva York, una de sus obras más acabadas, libro que fue su tesis de grado en la Escuela de Letras y el trabajo que lo proyectó al mundo de la poesía. A pesar de la alta factura literaria y filosófica de Una hiedra negra para Sashne, Villa Pelayo cautiva y sorprende a los lectores con esta obra, publicada por la Dirección de Cultura de la Universidad Central de Venezuela, donde el poeta logra, como nadie lo ha hecho ni lo hará, sintetizar en pocos pero puntualísimos poemas el inextricable espíritu, mixto e hiperbólico, de la gran ciudad, plena de voces múltiples, de acentos y dolores heterogéneos, encontrados y amalgamados en una suerte de babilónico delirio, conformando un caos de perfectas causalidades donde todo cuadra y todo confluye a conformar una atmósfera especial, el gris aire plural de Nueva York, sus mil cantos, sus mil lenguas distintas. Visiones de una poeta china sembrando rosas, recuerdos de una adormecida mujer de Francia esperando en un andén lejano, memorias del hondo paisaje azul Saboya del Po:
La llanura del Po te ha abrazado.
No sigues allí,
permitirás a las olas brindar sobre el mar
y rodear de ondas y velas tu cuerpo.
Quiero ir hasta ti.
Deseo hallar en aquellas olas tus reflejos.
El faro ha adormecido.
Las hojas que el otoño conoció
se han acercado hasta el Po.
Brindo por Hazan.
Las brujas y el fuego ya no rezan
sobre el tao de Min-Kao-Lin.
Te llamaré hasta la montaña azul
y reinarás sobre una tierra
repleta de espantos y budas grises.
Ya no hay oro en Turán.
Nunca vendrás a mí.
Conocerás mi rostro en la esfinge de Mare
y sabrás quien soy
Te importará el Po.
Llorarás sobre tao, y mis hijos.
Yao Lin, jamás te observarán en el jardín
haciendo crecer flores amarillas. (11)

Será por ello que el poeta Luis Alberto Crespo escribió una extensa, aguda y personal nota titulada “Una poesía donde Nueva York es lo que tú has sido”:

José Jesús Villa Pelayo no tiene nostalgia por lo torcido y lo áspero, ni por la exuberancia de un río o de una selva con nombre y color locales. Su país es la lectura asidua de un viaje al fondo de un autor, una imagen, una geografía y entrevista en la estampa, en la noche de las películas y en la ventana del video. José Jesús Villa Pelayo pertenece, así, a la cada vez más agostada estirpe de los ojerosos devoradores de libros, los adoradores de éxtasis que prometen sus vastedades de papel y signos. Lo que sorprende, lo que deja absorto, es la urgencia con que Villa Pelayo se da a recorrer –recorriéndose- esas tierra de anécdotas, pálpitos, meditaciones, sin que su semblante denuncie achaque alguno: su rostro expresa más bien una placidez que contrasta con las mortificaciones del lector voraz para quien el tiempo de la lectura se asemeja a una revelación, una elevación más allá de nuestros huesos (…) Nueva York le dice Villa Pelayo a su libro, aunque la ciudad esté de pronto en Inglaterra, Berlín, Kyoto, Cracovia, Bath y sus habitantes sean a veces citas, nombres vivos o muertos o presentidos. ¿No pareciera esta experiencia poética la realización del poema de Kavafis, la ciudad que siempre nos desanda y que es la misma en su cambiante fisonomía (…) Mucho cuidado con suponer a Nueva York una metáfora vacía, un aspaviento verbal, una motivación pretenciosa, un deliberado afán por aparecer en las letras venezolanas con arrestos ecuménicos, digo, de universalismo a ultranza. Nunca leí un libro de poemas donde el mundo y su nostalgia tuvieran tanta semejanza a una escritura en la que el ser encuentra su reflejo de su irrealidad, su parecido, a través de la imagen, el vocablo, la frase poética, a nadie, al hombre, a nadie leyendo, leyéndose en el otro con el que no se tiene –sí, que lo diga Rilke una vez más- “patria en el tiempo”… (12)

La poeta brasileño-italiana Lisabetta Serra tradujo varios poemas de Nueva York. Particularmente nos gusta la versión del poema “Frágiles dedos”, tan admirado por la poeta y dramaturga italiana Milena Nicolini, por los poetas del “Circolo Rossopietra” y por todos aquellos que lo hemos escuchado de la voz de José Jesús:

FRAGILI DITA
Se tu vivessi dove sto navigheresti verso di me.
Sto in India o in Indocina, aspettando,
seduta e tenendo nella mia mano una penna.
Spero di scriverti presto, senza fragili dita
e impaurita.
Sto li, dove le oche e le lucciole si vestono di bianco;
tra i rovi neri, come direbbe Saint John Perse.
E ti amo.
E desidero che sia tu a giungere fino a me.
Per caso, l'estate scorsa, appoggiata al muro di pietre rosse,
pensai di andare fino all'esilio, in cui tu stai .
E le segrete mi parvero grigie e i sotterranei verdi.
Per te so che sono libera. Dal canto degli uccelli
sento che l'estate verra. E so, so profondamente
che andare alla guerra mai lascera in te una traccia.
Lo sguardo di un condor senile si e frantumato in migliaia di
[piccoli sguardi.
lo andro fin li,
fino alI'esilio, con le mie fragili dita. (13)

Citemos la voz autorizada del poeta y ensayista venezolano Rafael Arráiz Lucca, en su ensayo-reflexión sobre la historia de la poesía venezolana, titulado El coro de las voces solitarias:

José Jesús Villa Pelayo se inició con Una hiedra negra para SashneNueva York (1992), poemarios en los que las imágenes brotaban de su fuente con una fuerza arrolladora, tejiéndose unas con otras con una enigmática singularidad que, a veces, lleva al lector a tener la impresión de estar ante un intento de darle cuerpo al torrente de la escritura automática. (14)

Pero dejemos, finalmente, que sea el profesor Alexis Márquez Rodríguez, quien concluya esta reflexión sobr el poemario Nueva York:

El título de este libro puede inducir a error. La presencia de Nueva York en sus páginas por supuesto, es notoria. Quien alguna vez haya estado en esa ciudad, especialmente en su centro vital de Manhattan, reconocerá en los versos de Villa Pelayo muchos elementos, que van desde rincones materiales, calles, esquinas y vericuetos diversos, hasta e paisaje general urbano de la inmensa metrópolis, y aún más allá, al clima moral, a las atmósfera espiritual que envuelve aquellas calles y aquellos edificios de peculiaridad única en el mundo (…) Porque no se trata de una visión artificial, postiza, superficial, como la del turista cotidiano que recorre boquiabierto la Quinta Avenida, o se detiene ante el Empire State, en la acera de enfrente, pretendiendo contar sus incontables pisos. Esto es otra cosa. Ante versos como los de este libro (‘Jessie Lincoln 18/ New Amsterdam se ha convertido/ En la Nueva Babilonia./ Una llamada/ Un taxi/ Un aparador./ Washingron Square’), escritos por alguien de quien se sabe nunca estuvo allí, no hay más que admitir la fuerza poderosa de la poesía (…) (15)

Con esa misma “fuerza arrolladora” (de la cual escribiera Rafael Arráiz Lucca), ve la luz en Monte Ávila Editores Latinoamericana, ocho años después, su poemario Mariana de Coimbra, en el cual asume Villa Pelayo la delirante voz bilingüe de una cautiva lusitana medieval, una rubia poeta evanescente que vive el melancólico cerco de Lisboa:

Os meus dias passan.
Inadvertidos, silenciosos.
Os meus días avançan.
Perfectamente insostenibles.
Y me detengo ante ellos.
Y sesgo los escondrijos.
que guardan mi tiempo,
y las serenas noches de Coimbra.
Recordad.
La opacidad de la luz
aún es insostenible.
Así como el lado norte de los Pirineos.
Más allá de estas noches estériles
Os meus días avançan
sobre mi, inexplicablemente.
Y encuentran mi cabello
Hablando de horas inútiles,
de otros días por venir,
del cielo emboscado
por la lluvia de los días de enero. (16)

Creando un sorprendente artilugio, el autor nos convence por medio de cartas y noticias de la certeza de esta historia, de la corporeidad de la doliente Mariana. Y han sido tan perfectas la voz y la poética tramoya, que muchos lectores han preguntado dónde obtener más obras de la poeta portuguesa.

En una reseña escrita para “El Universal”, la periodista Ana María Hernández desafía (lúdicamente) la irrealidad de Mariana:

No es fácil tomar prestados los hábitos de otro. No es fácil colocarse en su lugar e imaginar su habla, imaginar la forma de ser y de pensar. Mucho menos es fácil hacerlo cuando se trata de una piel lejana y del sexo opuesto. Y eso es lo que ha hecho José Jesús Villa Pelayo con Mariana de Coimbra. El se ha remontado hasta el siglo XII, cuando moros, sefardíes y cristianos habitaban la península ibérica en tensa paz. Se ha valido de escasos vestigios, de historias no muy bien comprobadas que una mente fértil los tendría como óptimos caldos de cultivo para el gusto actual finisecular: la mirada hacia el pasado lejano. Parece que vuelven las épocas de mirar al pasado (…) Villa Pelayo acaba de publicar por Monte Ávila una serie de poemas que ponen a dudar al lector: se vistió con los atuendos de Mariana de Coimbra (1185-1250) que nació en esa localidad portuguesa y vivió en Córdoba y Granada (…). (17)

Pero en una reseña posterior, la misma Ana María lo llama “libro-Invesión”, lo califica como “batacazo del año”, y explica:

Este libro-Invención tiene el reconocimiento de la crítica por el ejercicio de escritura apócrifa. Según Villa Pelayo, Mariana decía: ‘Te escribo, /bajo el desafiante espejismo de la luz, / junto a una rosa nimbada por el miedo. (18)

Y la periodista Milagros Santana, en otra entrevista afirma:

Quién se atrevería a decir que Mariana de Coimbra no existió. Tal vez un historiador muy riguroso o un escritor acucioso, quizás, pero el propio creador de la criatura, José Jesús Villa Pelayo, tiene dudas. (…) Del argentino (Borges), José Jesús Villa Pelayo adopta esa tendencia –incalificable- de engendrar personajes y utilizarlos como si hubiesen existido o existiesen realmente. Su intención con esto es que el lector ‘participe de una patraña y que algunos sean engañados y otros no’. Una prueba de primera mano es el epígrafe de Mariana de Coimbra (…) Mariana de Coimbra es una poeta portuguesa nacida en 1185, que cobra vida en pleno siglo XX, a través de la imaginación de José Jesús Villa Pelayo (…) ‘El libro llegó de repente, como cuando te asalta una imagen, en este caso la de una mujer antigua. Era como una visión’, recuerda Villa pelayo al tratar de explicar la concepción del libro. ‘Yo pude sentir y padecer a esta mujer’ (…) (19)

Rafael Arráiz Lucca se pronunció también sobre Mariana de Coimbra:

Con Mariana de Coimbra (1999) el poeta rinde homenaje a Pessoa y se hace de un heterónimo, una poetisa portuguesa raptada por un jeque y llevada a Córdoba, desde donde escribe, en el siglo XIII, para que años después un investigador halle sus manuscritos. El recurso del heterónimo pessoano, ya utilizado entre nosotros por Montejo, ahora encuentra un nuevo cultor. Como vemos, la voz de Villa Pelayo emprende un nuevo ensayo de sus posibilidades y estructuras cada vez que entrega un poemario, con lo que hace evidente su arrojo formal y su libertad (…) (20)

Recuerdo perfectamente que, en un recital que José Jesús ofrecía, hace algunos años, en el CELARG, con los “Poetas y Cantores Urbanos”, entre quienes se encontraban Luis Felipe Bellorín y Pedro “Petete” Lizardo (hijo del famoso y ya desaparecido poeta venezolano Pedro Francisco Lizardo); después de leer varios poemas de Mariana de Coimbra, Petete le dijo a José Jesús que, mientras él leía, pudo ver, en una suerte de visión, a Mariana de Coimbra, vestida de blanco, a la usansa del Medioevo. Era el tipo de reacción y sortilegio que suscitaba en el público la recitación de estos poemas. Pero lo cierto es que, José Jesús jamás ocultó que se tratara de una simple superchería.

Más fríamente, escribe el poeta y crítico Miguel Marcotrigiano Luna, sobre Mariana de Coimbra, en su Antología titulada Las voces de la hidra/La poesía venezolana de los años ’90:
Los personajes femeninos, resguardados en unos seres más bien ambiguos en los libros anteriores, culminan en la creación de esta Mariana, a quien se le atribuye no sólo una historia personal, sino también una obra escrita. El personaje está delimitado por una cultura, una época y una visión de mundo particularísimas, las cuales permiten calificar de excelente este último trabajo de Villa Pelayo. La dama portuguesa, natural de Coimbra, vive y escribe en España (Granada y Córdoba), la ancestral Hispania. El lenguaje de su escritura desanda los frágiles linderos que separan una poética de corte actual y de formas antiguas. (21)

Y el joven investigador Ricardo Tavares L. (angustiado por el fenómeno del “Bilingüísmo” en el libro Mariana de Coimbra, en un extenso ensayo titulado “Bilingüísmo estético en Mariana de Coimbra”:

El bilingüismo, actualmente, es una de las realidades sociales más cotidianas por múltiples causas y fines. No sólo es un aspecto de interés para filólogos, lingüistas y pedagogos, sino también debe ser estudiado por psicólogos, sociólogos, antropólogos, etnólogos, geógrafos, políticos, historiadores y críticos literarios (Saraiva, 1975: 8). En la literatura, el uso de varias lenguas por un mismo escritor ya no responde a un simple trabajo de traducción, sino de un uso deliberadamente estético bien para caracterizar el idiolecto de los personajes, bien para expresar eficazmente sentimientos de diversa índole. Esto comprobaremos en la obra poética Mariana de Coimbra (1999), escrita por el venezolano José Jesús Villa Pelayo, donde el bilingüismo en español y portugués adquieren especial significación para recrear el contexto medieval de la historia, las congojas del hablante lírico y al mismo tiempo las consecuencias del contacto lingüístico expresadas en el texto. (…) La obra poética del venezolano José Jesús Villa Pelayo es un buen ejemplo de toda una mezcla cultural y lingüística (…) Todos los poemas son breves y están escritos en verso libre, probablemente para recrear la poesía hebrea, como por ejemplo los salmos, o también para recrear el tono de las jarchas mozárabes, los zéjeles y las moaxajas (…). (22)

Otro investigador, el profesor y poeta Douglas Moreno, describe con vigor poético la exquisita superchería que es Mariana de Coimbra:

Un signo extraño demarca la poesía de José Jesús Villa Pelayo, especialmente la de Mariana de Coimbra. Texto que no sólo es poesía, sino que pone en evidencia la fragilidad de la historia. En este libro lo poético se superpone a lo arquitectónico, a lo escenográfico, al paisaje y a lo histórico. En una acción digna de un orfebre. Construir el escenario. Buscar la nostalgia en una ciudad, encontrar un personaje, saber de su vida, pensar en una saga, hacerlo padecer la humillación del desarraigo, sentirlo, sufrir las ansias de la muerte, abrigarle la esperanza del amor. (23)

Una apocalíptica versión de la guerra de Irak y del amor, es la que nos presenta más tarde Villa Pelayo, en su poemario Las arpías vuelan sobre Manhattan, publicado en el 2006. Los señalados hijos de la tristeza, los tocados por el horror de la pólvora, por el odio de la metralla, son los que despiertan ahora su voz, jugando, nuevamente, con mucha habilidad, con el ritmo interno del poema, los que, a ratos, parecen canciones o cantos con versos que aparecen una y otra vez, ese son muy caribeño y latino. Para ustedes, algunos versos del poema “Lilas sobre Bagdad”, el cual fue publicado en el No.241 de la revista “Casa de las Américas”:

Con la agonía
de los pequeños hijos de los cuervos.
Y tus dedos ensangrentados.
Con brazos de arcángeles.
Y gritos y maromas y silencios.
Con alas
para los mujahedines.
Lilas sobre Bagdad
en noche de bombas
y sudarios y niños muertos.
Para atizar azadones y humaredas.
Rumsfeld &Dragones.
Con vuestros carneros
y cielos nocturnos
Con C4 y hormigas.
Para degollaros en marzo,
cuando el mundo duerme. (24)

Pero sorprende, en este nuevo libro, la tesitura, el bordado verbal y espiritual de un poema titulado “Mirándome desde la Bahía del Cuerno Dorado en la iglesia de la calle Korsakova” y el desdoblamiento del ánima poética de Villa Pelayo:

El amor es negro, como el ábaco. Durante la mañana, el aire se cuela por una hendija apenas mórbida cuya virtud última es curvar la luz del día; deshace el vitral occidental y vaga en medio de la nube de cenizas que cruza la capilla; termina en un árbol sin hojas, en la curva oriental de una rama. La luz allí es menos pálida, tal vez oblicua, como el cielorraso de cedro que los días han consumido. De repente, un castaño profundo, una ventisca accidental, cierta escaramuza de polvillo en medio del ábaco. Martina, al final del pasillo, en una banca de pilastra, como estatua de sal, cobriza, en la esfera de la sombra. (25)

El tema del desdoblamiento y la presencia del ánima son recurrentes en este poemario. Baste con leer “Un poema para Silvya Plath” (que me atrevería a afirmar que es la otra cara del poema “Frágiles dedos”, en su doble vertiente animus/ánima, y símbolo del desdoblamiento), porque quien dice el poema en “Frágiles dedos” es el doble de quien dice el poema en “Un poema para Silvya Plath”. Ambos constituyen una unidad espiritual y humana indisoluble. Así es que, a la visión teleológica de poemas como “Las arpías vuelan sobre Manhattan” (una visión sobrenatural del derribamiento de las torres gemelas del World Trade Center, el 11 de septiembre de 2001, el cual fue incluido por la profesora y poeta Gina Saraceni en su libro En-Obra/ Antología de la Poesía Venezolana/ 1983-2008) o “Profecías Postmodernas”, se une la tragedia ambigua del desdoblamiento amatorio. Entre esos dos extremos (o límites) se desplaza o gravita la voz poética de Las arpías vuelan sobre Manhattan.

Estamos de acuerdo con el narrador chileno-venezolano Gustavo Ávila, cuando afirma (sobre José Jesús Villa Pelayo y su poemario Las arpías vuelan sobre Manhattan):

Así comienza el poema “Mirándome desde la Bahía del Cuerno Dorado en la iglesia de la calle Korsakova”, poema que, sin duda, auguramos su aparición en todas las antologías de la poesía venezolana (…) La voz de Villa Pelayo deja colar en su reflexión, en su intimismo y profundidad, una cultura universal que se esparce en el texto sin grandes gritos ni fanfarrias, transmigrándola hacia el ensimismamiento. Paso a paso, parábola a parábola, la belleza nace, se traza, tuerce la luz, conectándola al acto creador que trasiega el ars amandi que le sirve de guía a este trabajo renovador, auténtico como pocos. (26)

Paralelo al trabajo de estos anteriores poemarios, José Jesús Villa Pelayo había ido hilvanando, día a día, un libro-bitácora, luminosa constancia de horas insomnes y perfumes de hojas antiguas. Certidumbre de vidas tocadas a través del papel, voces seculares que le han ido hablando al oído en esas largas noches de vigilia, rostros e historias que han ido formando y modelando su trabajo poético y que ahora nos ofrece en su obra más reciente, el Diario de Alejandría.

Es este un libro que destroza esquemas y paradigmas para convertirse en un objeto de arte y a la vez, en un auténtico jardín de la poesía en el que se haya reflejada la humanidad. Dice Gustavo Ávila en la presentación:

El Diario de Alejandría es un libro de iluminaciones, recuerdos, ciudades antiguas, percepción de los objetos, interpretación de la historia del mundo y del poder; evocación, traducción, profecías, relatos, migraciones imaginarias, inflexiones del espíritu de José Jesús Villa Pelayo, quien ha escrito un libro fundacional (…) Diario, ensayo, poemario, memorias, el texto es básicamente poesía. Sus imágenes sorprenden, su lenguaje cifrado es invitación a la exploración y el hallazgo, nada sobra, nada falta, poetas, narradores, políticos, familiares y, por supuesto, el mismo José Jesús son los personajes que transitan sus páginas (…) Su gran problema y objeto es, sin embargo, la poesía, que brota repentinamente de cualquier línea, a través de cualquier imagen o metáfora. También es el libro de nuestro tiempo y de nuestros días porque registra un paisaje y estampa de los días postmodernos y transmodernos por venir. (…) Una visión algorítmica del mundo. Una nada usual, acorde con el siglo de caos, violación de la ley natural, invasiones y anomalías culturales. Una enorme biblioteca de sabiduría, poesía y enciclopedias se yergue ante nuestra vista como el faro majestuoso de la inmutable ciudad de Alejandría. (27)

Ni los Jardines Colgantes de Babilonia osarían exhibir de esta forma inesperada y cautivante las fulgurantes figuras y la palabra inalcanzable de Sylvia Plath y Ramos Sucre, Carpentier y Dante, Milton y Goethe, Miguel Otero Silva, los goliardos, la poética provenzal, todos entrelazados y hermanados allí, como frutas al alcance de la mano, como flores del pensamiento que exhalan sus esencias maravillosas. Toda la poesía del mundo, todo el hacer literario de la Tierra se encuentra allí, en ese intenso diario de la belleza y de la tristeza, en esa interminable ciudad de todos los saberes y todos los decires que es la Alejandría del poeta:

La poesía no es algo extraño, es cierto, pero su lenguaje es indecible, punto de fractura y equilibrio entre lo humano y lo divino. Idioma alterado (o alteración) cuya traducción únicamente pueden efectuar los poetas. Probablemente no exista enigma alguno, tal vez debamos simplemente conformarnos con las perplejidades borgianas y asumir esta familiar cotidianeidad de la poesía. (28)

Este deslumbrante trabajo poético acaba de ver la luz en una excelente edición del IPASME, en mayo de 2007; y espera su segunda edición en Monte Ávila Editores Latinoamericana. Sobre el Diario de Alejandría ha escrito la profesora e investigadora chilena Magdalena Mattar Almazábal:

El Diario de Alejandría se inicia, en aras de su nombre, en dos escenarios, el público y el privado. El “diario” se supone un relato íntimo y Alejandría es el símbolo de la máxima expresión cultural del mundo antiguo. El acto literario surge como magia inseparable de la polarización que opone una zona sagrada: privada, pura, perfecta, a un espacio profano, el exterior donde se ha desencadenado la guerra, el estruendo, el caos. Del mismo modo es inseparable de los intercambios que se establecen entre los dos campos. Su polarización en dos zonas distintas permite la realización de esta síntesis creadora (…) La guerra invade una ciudad, Necrópolis, y estremece el espacio celeste. Se evidencian, claramente diferenciados los dos ambientes: el exterior, signado por la guerra y el caos; y el segundo, por la belleza, la armonía, los recuerdos de una vida familiar un tanto idílica, el hallazgo de una mujer “pura” y, sobre todo por la cultura en todas sus expresiones: religiosa,, literaria, musical, espiritual, y, esencialmente, poética. Asimismo se produce la oposición entre los dos tiempos, el de la violencia y el de la poesía, que muere (…) La interpretación de Fausto, de Goethe, nos introduce en el gran tema del relato: el titanismo prometeico que ha invadido el mundo con su “hibryis”, su exceso, su desmesura, su violencia sin límites, su orgullo y soberbia, opuesto al mundo hermético cuyo emblema literario es Don Quijote o Hamlet, que representan la ausencia de ambición de poder, conocimiento o eternidad (…) Sus blancas páginas, plenas de signos y caracteres en otros idiomas y bellos dibujos, surgen como expresiones de angélica belleza en que vuelan rosas ( “A rose is a rose is a rose is a rose”) pájaros, caballos, versos, naves que surcan mares, música, tormentas, hojas, cielos…la belleza primigenia del mundo que se opone al otro mundo, el de la desolación, poseído por la locura y la violencia, en el cual actúa Prometeo desencadenado, provocando la tragedia sin remedio (…) Antonín Artaud trata profundamente el tema de la prefijación a través del arte de los males que aquejan a la humanidad. También lo hace en forma magistral, el antropólogo y sociólogo francés, Jean Duvignaud, quien en su libro Sociedad y espectáculo, expone la tesis de que lo imaginario prefigura e “informa” las fuerzas creadoras que se enfrentan en la sociedad. (…) El Diario… devela las sórdidas relaciones que se establecen entre las estructuras sociales y la creación artística, y relaciona esta teoría con la actualidad política y social de la humanidad. (…) La publicación de esta obra, creo, sería un suceso dentro de las letras latinoamericanas. Las obras que han tratado los temas aquí desarrollados: Hesíodo, Kérenyi, Junger, Esquilo, Tudge, López Pedraza, Duvignaud, sólo llegan a un público especializado. Este texto está dirigido a un público culto, pero no especializado. Además posee la característica de relacionar esta temática con la realidad actual. (29)

En Noviembre del año 2008, el libro fue presentado simultáneamente en la Feria del Libro de Venezuela (FILVEN) y en la ciudad de Cuenca, Ecuador. La narradora y profesora Ana María Velásquez pronunció las palabras en Caracas:

El Diario de Alejandría es un libro para ser leído con paciencia, deteniéndose en la perfección de su lenguaje, en la gran erudición de su autor, en su sabiduría, a ratos más cercana a la reflexión filosófica que a lo ficcional, sin que por ello melle lo literario. Se inserta en las escrituras de vanguardia que plantean la inclusión de otros géneros, como son el ensayo y la poesía dentro de un corpus narrativo principal. El libro es el diario de un escritor anónimo y ‘sonámbulo’, como lo describe su autor, que se pasa las noches asomado a la ventana y observando el mundo, la ventana metafórica de los libros que él va leyendo (…) La Alejandría del escritor sonámbulo no existe, nunca existió, él mismo lo aclara (p.180). Necrópolis la llama, y declara que en ella ya la poesía ha muerto y se ha instaurado la guerra. Ha muerto como van a morir los niños bajo las bombas que destrozan Beirut sin que él pueda hacer nada (…) Sin embargo, no todo es destrucción, en Alejandría brilla una ‘luna inusual, hipotética e imaginaria’. Es la luz, apenas perceptible, de una conciencia naciente que acompaña, y deja sin sueño y sin posibilidad de descanso al escritor. Luna que también es mujer, hechicera, que escribe poemas para él, como ‘La otra mitad de Ariadna’ (p.168). Luna que también es madre blanca y joven en una fotografía antigua, velada, como la novia de la muerte, la eterna novia del inframundo, pura, hermosa, pero a la vez llena de gran capacidad transformadora para cambiar el mundo. (30)

En la ciudad de Cuenca fue presentado por el poeta Andrés Abad Merchán:

El estilo del libro que se constituye también en un anecdotario, es un diario en el que ‘el fluir de la conciencia’, en el sentido joyciano, nos lleva a numerosos parajes de la ficción y la realidad. (…) Las reflexiones son intimidades de su memoria y aspiraciones de su espíritu; textos en griego, citas en multiplicidad de idiomas (…) que están perfectamente ubicadas y aclaradas en el contexto; éstas deleitan y enriquecen al lector, no ostentan ni pretenden demostrar la erudición del escritor que, sin embargo, la tiene. (…) El texto es de sobrada calidad, y atrapa al lector, lo lleva clandestinamente al espacio de la palabra, al de la Cábala judía, por ejmplo, en el que todo tiene significado en la forma en que se escribe, su secuencia y qué letras aparecen dibujadas, como una particular manera de hacer literatura. (…) Un diario de catorce años de inquietudes internas, diálogos consigo mismo o más bien con su otro yo (…) Es un libro de sabiduría escrito con delicadeza para el lector no enciclopèdico, pero que brilla con luz propia como el faro de la ciudad mítica de Alejandría, donde estaba la gran biblioteca del mundo antiguo. (31)

En José Jesús Villa Pelayo pareciera cumplirse la maldición del poeta centelleante, cuyo talento excede a su tiempo, cuya palabra brillante duele y perturba. Al igual que en su tiempo Pérez Bonalde, Baudelaire, Ramos Sucre y Rimbaud, Villa Pelayo es el gran ausente en festivales y recitales, y su obra, inexplicablemente silenciada, no despierta el entusiasmo que debería en las adustas rosquillas y grupúsculos críticos. Pero quienes apreciamos la poesía cumplimos con el deber de reseñar su talento, de admirar su obra, que, como un verdadero jardín del paraíso de Alejandría, está allí, al alcance de la mano, para que la saboreemos con deleite y nos nutramos de ella, en esta antología, imprescindible para estudiantes y amantes de la verdadera poesía.

NOTAS
(1) Vera, Elena (1992). “Presentación de un joven poeta”. http://www.scribd.com/doc/11853479/Presentacion-de-Un-Joven-Poeta
(2) Márquez Rodríguez, Alexis (1992). “PRÓLOGO”. En: Villa Pelayo, José Jesús. Nueva York. Caracas. Dirección de Cultura/Universidad Central de Venezuela: pp. 10-11.
(3) Colmenares, Hugo (1991). “Villa Pelayo busca a Dios con poesía”. El Nacional. Caracas (30 de octubre): pp. C-9.
(4) Franco, Mercedes (1992) “Desde Nueva York…”. Papel Literario de El Nacional. Caracas (20 de diciembre): p.p. 7.
(5) Villa Pelayo, José Jesús (1990). Una hiedra negra para Sashne. Caracas, FUNDARTE/Alcaldía del Municipio Libertador: pp. 10.
(6) ___________ (1990). Una hiedra negra para Sashne. Caracas, FUNDARTE/Alcaldía del Municipio Libertador: pp.11.
(7) Salvary, Nelson (1992). “¿Una hiedra negra para Sashne?”. Suplemento Cultural de Últimas Noticias. Caracas (26 de julio): pp. 7.
(8) Bello Guerrieri, Reinaldo (1991). “Hiedra y ocultamiento”. Papel Literario de El Nacional. Caracas (8 de septiembre): pp. 7.
(9) Pérez Rescaniere, Gerónimo (1993). “Damas, Castillos y Hierbas Heladas”. Suplemento Cultural de Últimas Noticias. Caracas (16 de mayo): pp. 16.
(10) Crespo, Luis Alberto (1991). “Nombres de la primera vez y de siempre/Los poetas llaman en Agosto”. El Universal. Caracas (24 agosto): pp.
(11) Villa Pelayo, José Jesús (1992). Nueva York. Caracas, Dirección de Cultura/ Universidad Central de Venezuela: pp.62
(12) Crespo, Luis Alberto (1992). “Una poesía donde Nueva York es lo que tú has sido”. El Globo. Caracas (26 de noviembre): pp. 19.
(13) Villa Pelayo, José Jesús (1991). (Selección poética). Altri Termini/Quaderni internazionali di letteratura. Napoli, # 2-IV Serie (Gennaio-Aprile): pp. 92.
(14) Arráiz, Rafael (2003). El coro de las voces solitarias. Una historia de la poesía venezolana. Caracas, Grupo Editorial Eclepsidra: pp.409.
(15) Márquez Rodríguez, Alexis (1992). “PRÓLOGO”. En: Villa Pelayo, José Jesús. Nueva York. Caracas. Dirección de Cultura/Universidad Central de Venezuela: pp. 12-13.
(16) Villa Pelayo, José Jesús (1999). Mariana de Coimbra. Caracas, Monte Ávila Editores Latinoamericana: pp.34.
(17) Hernández, Ana María. “Poesía de la imaginación”. El Universal. Caracas (08 de junio de 1999): pp.
(18) __________ “El antes en el día de hoy”. El Universal. Caracas (22 de agosto de 1999): pp.4-7.
(19) Santana J., Milagros. “Del escritor José Jesús Villa Pelayo/ Mariana de Coimbra con factura masculina”. El Globo. Caracas (30 de junio): pp. 27.
(20) Arráiz Lucca, Rafael (2003). El coro de las voces solitarias. Una historia de la poesía venezolana. Caracas, Grupo Editorial Eclepsidra: pp.409.
(21) Marcotrigiano L., Miguel (2002). Las voces de la hidra. La poesía venezolana de los años 90. Mérida, Ediciones Mucuglifo/ Universidad Católica Andrés Bello/CONAC: pp. 203-204.
(22) Tavares Laurenco, Ricardo (2004). “Bilingüísmo estético en Mariana de Coimbra, de José Jesús Villa Pelayo”. Investigaciones Literarias (Instituto de Investigaciones Literarias, Universidad Central de Venezuela). Caracas, # 12. V.I-II: pp. 117-134.
(23) Moreno, Douglas (2000). “José Jesús Villa Pelayo: Un poeta, una obra y algunas intromisiones”. Suplemento Cultural de Las Noticias. San Carlos (10 de septiembre): pp. 14.
(24) Villa Pelayo, José Jesús (2006). Las arpías vuelan sobre Manhattan. Caracas, Fondo Editorial del IPAS-Ministerio de Educación: pp.54
(25) ________ (2006). Las arpías vuelan sobre Manhattan. Caracas, Fondo Editorial del IPAS-Ministerio de Educación: pp. 9-10.
(26) ________ (2006). Las arpías vuelan sobre Manhattan. Caracas, Fondo Editorial del IPAS-Ministerio de Educación: pp. contraportada.
(27) ________ (2007). Diario de Alejandría. Caracas, Fondo Editorial del IPAS-Ministerio de Educación. 1era. edición: pp. contraportada.
(28) ________ (2007). Diario de Alejandría. Caracas, Fondo Editorial del IPAS-Ministerio de Educación. 1era. edición: pp.53.
(29) Mattar Almazábal, Magdalena. “Apuntes sobre el Diario de Alejandría”. http://www.scribd.com/doc/7599019/Diario-de-Alejandria
(30) Velázquez, Ana María (2008). “Comentarios sobre el Diario de Alejandría, de José Jesús Villa Pelayo”. Caracas.
(31) Abad Merchán. Andrés (2008). “Diario de Alejandría de José Jesús Villa Pelayo”. Cuenca, Ecuador.

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viernes 27 de febrero de 2009

ANA MARÍA VELÁZQUEZ


Palabras de José Jesús Villa Pelayo pronunciadas el 18 de octubre de 2008, durante el bautizo del libro Con los ojos abiertos de Ana María Velázquez.

Encontré el libro Con los ojos abiertos de Ana María Velázquez entre muchos otros libros que nuestro amigo Gustavo Ávila guardaba en su oficina del Fondo Editorial del IPASME. Estaba diagramado pero, después de la muerte de Gustavo, en febrero de este año, el libro había quedado olvidado por la inercia y desdén administrativos. Tuve la fortuna de encontrarlo, con lo cual efectué un verdadero hallazgo. Entregué el libro a producción y lo demás fue, como dicen ahora, “cortar y pegar”.


En la contraportada, Gustavo escribió (cito): “La ausencia y la búsqueda constante de ese “otro” perdido o ausente, el anhelo, la soledad, las ilusiones rotas, la guerra, los desplazados, el crimen, la alienación del trabajo y la fragmentación de la soledad, son los elementos que constituyen el phatos, es decir, el “destino” de los personajes


Pero permítanme, en nombre del Fondo editorial del IPASME y del mío propio, realizar una pequeña reflexión sobre este libro de relatos de Ana María Velázquez.


El conjunto de los cuentos que giran en torno a los grandes temas de la literatura: la soledad, el amor, el desencuentro, el olvido, el aislamiento, el temor a la pérdida, la muerte; también propone algunos de sus grandes problemas: el perpetuo retorno, la otredad, la imagen del fantasma, con una poética de pájaros bajo “la luna llena de lágrimas”.


Pero lo que sorprende, al leer este libro, es la profunda fluidez y agilidad de su prosa, la limpidez, una mano suave que perfila los eventos con extrema facilidad, escribiendo sobre lo que sabe. Esta es una virtud en sí misma.


Hay que añadir, por supuesto, la sencillez de la narración sin florituras ni arabescos, centrada en lo que se quiere decir y finalmente se dice, sin aspavientos, sin torceduras, con la estructura geométrica de la línea recta. En dos palabras, Ana María escribió lo que quería escribir. Y esto no es fácil.


En la escritura de Ana María Velázquez se percibe, rápidamente, un oficio y seguridad muy particulares. Se trata del oficio de medir la palabra, de sopesarla, de saborearla como un manjar, en la boca, en las manos. Se trata del oficio de habitar con y en la palabra. De pensarla e imaginarla.


El trazo de Ana María (permítanme también utilizar esta metáfora de la pintura) es pincelada de artista. Y un artista genuino conoce su oficio, juega (no temerariamente) con sus instrumentos de trabajo y la materia. Ana María, con su alma sencilla, ha logrado bordar estos relatos que recuerdan las finas y suaves líneas del domo de Santa Maria dei Fiori.


Además, el lector advierte, con claridad, el aire de crónica y el imaginario venezolano y el espíritu venezolanista de quien conoce los pueblos, el habla popular, las expresiones del espíritu de la mayoría. Y, como antes mencioné, el problema del “otro” y del objeto que se mira (desde el “sujeto”) con “los ojos abiertos”, ese objeto que no es más que el conjunto de todos los componentes minimalistas del mundo que nos rodea: los más sobresalientemente cercanos, los cotidianos, los que manejamos todos los días, el habla diaria, las historias, las vidas que todos tenemos y poseemos y guardamos en baúles o colocamos al aire libre, pero que jamás nos abandonan. Es el gran objeto que se halla del otro lado de la cera y que miramos o queremos mirar con “los ojos abiertos” o que, cuando soñamos, apenas miramos o no deseamos mirar, cuando la realidad nos cerca y se hace pesada a los ojos.

Finalmente quiero leer un texto del relato (de ecos mitológicos que, por momentos, recuerda aquel famoso relato corto de Joseph Conrad El Corazón de las tinieblas) “El camino de regreso”: (cito): “…pero en realidad nunca sabemos qué es lo que estamos buscando. Lo único que nos queda claro, cuando dejamos los chabonos y volvemos con paso tembloroso a la espesura de las ramas, es que pertenecemos allí, que siempre vamos a seguir buscando allí, porque nuestros pasos no saben adónde más ir sino tras la huella del jaguar

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sábado 14 de febrero de 2009

MERCEDES FRANCO



por José Jesús Villa Pelayo
Mercedes Franco es, sin duda, una de las más notables novelistas en lengua española. Cuando leí el párrafo inicial de su primera novela, La capa roja (tráfago estremecedor hacia el siglo XVI), publicada por la editorial Planeta, en 1992, lo entendí de inmediato:
Lejos del enorme caserón blanco y de los corredores por donde transitaban diligentes unos cuantos negros, Juan Maldonado y Ordóñez caminaba y hablaba solo. Ya los esclavos estaban acostumbrados a aquellos paseos sin rumbo y a las largas conversaciones del capitán consigo mismo. Gesticulaba furiosamente, babeaba, abría desmesuradamente los ojos y luego los cerraba con fuerza, Se halaba y alborotaba los largos cabellos blancos que su mujer le ataba en un moño bajo la nuca, Se zafaba la cinta de terciopelo negro que le sujetaba el pelo y la arrojaba lejos, Parecía entonces un león viejo y enfermo, un fantasma desandando sus pasos, una vieja loca, con los cabellos desparramados sobre la espalda. Una vieja bruja, flaca y encorvada, Una bruja plañidera desgañitándose, llorando su desgracia. (1)
No se necesitaba ser un crítico muy sagaz o un filósofo de la literatura para percibir la contundencia verbal e imaginativa de su libro, así como la densidad que había otorgado a sus personajes, a quienes podríamos describir como “personalidades gigantescas” (Juan Rodríguez Suárez, Juan Maldonado y Ordóñez, María Velasco), para utilizar una frase del profesor Harold Bloom, al referirse a los personajes cervantinos.
En realidad, La capa roja (que había obtenido, ese mismo año, el accésit del Premio Planeta de Novela) la revelaba como una finísima e inteligente novelista, que incursionaba en la novela histórica con un manejo insospechado y poco común de las palabras y el diseño de la historia.
Puedo decir algo semejante de su nueva novela Crónica Caribana, una historia de fundaciones, maravillas, fabulaciones e imaginerías históricas bajo el telón de fondo del naufragio de la Stella Maris, en el año 1528, que publicara la editorial Alfaguara en el año 2005; y cuyo personaje principal, también una “personalidad gigantesca”, es el poco conocido y no menos dramático Cronista de Indias, de origen italiano, Giambatista Genovese.
Han transcurrido catorce años entre una y otra publicación. Ahora, Mercedes Franco es una novelista más centrada en sí misma y seducida, enteramente, por las palabras, por la poesía, por un estremecedor río de imágenes subterráneas que corre bajo el entramado del libro y recupera lo mejor de la herencia del neobarroco latinoamericano, como la filigrana de la hornacina central de la Portada del Perdón de la Catedral de Lima. En realidad, Crónica Caribana continúa, descifra y desarrolla, de manera sorprendente, los temas y formas inaugurados en su primera novela.
Al día siguiente el cielo amaneció menos brillante. Un oprobioso calor anunciaba calma excesiva. Todos sudábamos a plena canícula. El viento se detuvo en un bochorno súbito y la Stella Maris, en la mar dormida, apenas cabeceaba lánguidamente, sin alterar el gris silencio de las aguas. Hubo un hermoso arrebato de luz en el poniente, y al comenzar a caer el sol entre las olas incendiólo todo en llamaradas rojas, púrpuras y oro tenue en el horizonte. (2)
Ese Mar Caribe de la Crónica Caribana, aparentemente tenebroso, gris y cruel (urdido con astuta filigrana verbal) es más bien sensual, sensible, exuberante, siempre azul cobalto o amarillo tostado o turquesa, como la vegetación de sus islas, de sus mujeres y hombres o de su amor desenfadado pero posesivo, es el mismo mar de Lezama Lima, Nicolás Guillén o Alejo Carpentier.
Espacio de la polifonía”, como escribía Severo Sarduy del barroco, pero jamás de la “parodia”, porque Mercedes Franco aniquila la esfera postmoderna de la parodia con el vigor moderno y sagaz de sus personajes. Un genuino y eficaz retorno del héroe moderno.
Resulta evidente, además, que todas aquellas sorprendentes cualidades literarias que cualquier lector profano hubiera podido notar, de inmediato, en La capa roja, se han redimensionado aquí, toda vez que Mercedes ha creado un mundo aún más ornado y subyugado por la metafísica y la poesía.
Es el tipo de lenguaje y astucia verbal que ella solía utilizar, con extrema soltura, en sus crónicas del diario “El Nacional”, columna semanal que Mercedes había bautizado (en 1980), con no poca candidez, “Cantos de Sirena”. Igual podía uno encontrar allí un artículo sobre los hombres “pizpiretos” o una estremecedora elegía, como aquella dedicara a la muerte de John Lennon, y que quedará por siempre grabada en el recuerdo de quienes la leímos con asombro; es el mismo tipo de magnética prosa poética y sencillez con la cual aborda a los niños con sus relatos de fantasmas. El libro Vuelven los fantasmas, publicado por Monte Ávila Editores Latinoamericana en 1996, prueba la fascinación que ese lenguaje dístico produce en los niños:
Mucha gente ha visto este poético fenómeno: una luz que aparece al pie de alguna Ceiba, o bajo un frondoso samán centenario. Se dice entonces, que en ese lugar hay un Entierro, es decir, oro, joyas, o algún otro objeto valioso, y que esa luz que es el alma en pena de quien hizo el Entierro, indica el sitio exacto del tesoro, con la finalidad de que alguien lo localice y lo saque, porque sólo así podrá descansar en paz. (3)
Pero permítaseme regresar a sus novelas. Cuando leí La capa roja, en 1992, me intrigó mucho que Mercedes no escribiera con ese tono intimista, testimonial, propio de los años ’70, ‘80 y ‘90 que era 100% pensamiento blando, escritura blanda y personajes blandos, vale decir, artilugios postmodernos.
Mercedes Franco no era una narradora postmoderna. Eso estaba claro. No utilizaba ni se manejaba bajo los mismos códigos ni con el mismo aire extraviado de esos narradores venezolanos que, por cierto, habían naufragado en la tentación postmoderna. La capa roja era otra cosa, sonaba más bien a relato de los Tiempos Modernos, a retorno de los personajes. No armonizaba con lo que se escribía entonces en América Latina. Aunque hubiera podido pensarse, de manera poco acertada, que La capa roja no era más que narración de simulación y pastiche.
Crónica Caribana vindica esa postura inicial. Nada más lejano, en su estructura narrativa, al vibrante aire postmoderno de personajes e historias decapitadas de Nathalie Sarraute (y La era de la sospecha [L'Ère du soupçon]) o Claude Simon, para citar tan sólo algunos ejemplos de la Nueva Novela [Nouveau Roman], que fueron, está claro, paradigmas para los escritores en América Latina durante los 80s y 90s.
La Capa Roja era novela histórica salpicada de irreverente fabulación. Donde había alguna laguna, Mercedes la rellenaba a punta de ingenio. Ella escribía a contracorriente. Aún continúa haciéndolo, porque Crónica Caribana es, a diferencia de la mayoría de las novelas actuales en lengua española, a las que yo describo como “novelas planas”, “sin acústica”; magia de la palabra, de principio a fin, con la mirada puesta en la fortaleza humana de los personajes, quienes, de alguna manera, recobran su autoridad perdida (a manos de lo que Edward Said llamaba “las fuerzas del estructuralismo y el post-estructuralismo” (3), durante los últimos 30 ó 35 años.
La novela de Mercedes retoma, con sutileza y vigor, la idea del personaje y del héroe. Porque Giambattista es un personaje histórico/fabulado, perfilado con pluma y cincel cuyos rasgos distintivos Mercedes definió con precisión. En pocas palabras, Giambattista tiene rostro. Lo reconocemos, como personaje y como héroe, a quien le es impuesta, por la Providencia, una travesía y unas hazañas que cumplir. Un personaje cabalmente renacentista, como Guido Cavalcanti, en quien se confunde la realidad histórica con la ficción.
En ambas novelas coexisten, al menos, dos historias entrelazadas, aéreas o subterráneas, pero jamás en colisión. En La capa roja, el relato de amor y desamor, en el triángulo Juan Rodríguez Suárez, Juan Maldonado y Ordóñez (dobles) y María Velasco, habita con la historia violenta (típica de la conquista) de la fundación de las ciudades de Mérida y Caracas. En Crónica Caribana, el naufragio de la Stella Maris y las aventuras, afortunadas o desafortunadas, del supersticioso Giambatista se cruzan con una conspiración urdida, desde las más altas esferas del poder real, con sociedades secretas, asesinatos y la omnipresente ambición de poder.
La producción de Mercedes Franco es, simplemente, asombrosa. Ha publicado, en los últimos dos años, unos ocho libros: Criaturas Fantásticas de América (Playco Editores, 2007), Así somos/tradiciones venezolanas (Ediciones B, 2007), Annie y el Mar (Thule Editores, 2007), Cuentos de Venezuela (COFAE, 2008), Animales fantasmas (Fundación Provincial, 2008), Diccionario de misterios, leyendas y fantasmas de Venezuela (Editora El Nacional, 2008), La Guerra de Venezuela /una aventura de Cipriano Castro (Fundación Editorial El perro y la rana, 2009) y La Luna de Churiguara y otras leyendas (Edigente, 2009).
Como cuentista tiene ya asegurado un lugar en la historia del relato en Venezuela. En el número antológico (1938-2006) de la Revista Nacional de Cultura, publicado en el año 2006, el ingenioso cuento de Mercedes, titulado “El prodigioso imaginador teme haber perdido sus poderes” aparece entre los grandes nombres del género en nuestro país:
Tiene los ojos de color uva verde, blanquecinos, líquidos de tanta vida y de tanto asombro, que le amanece en ellos cada día. Ahora se le ven aún más grandes que antes, cuando solía abrirlos mucho al preguntar o al cantar con su extraña voz terrestre. (4)
_________________________________
(1) Franco, Mercedes (1992). La capa roja. Caracas. Editorial Planeta. 1ra. Edic.
(2) _________ (2005). Crónica Caribana. Caracas. Alfaguara.
(3) Said, Edgard (2006). Humanismo y crítica democrática. Caracas. Editorial Random House Mondadori.
(4) Franco, Mercedes (2006). “El prodigioso imaginador teme haber perdido sus poderes”. Revista Nacional de Cultura. Caracas, # 332, Tomo II, Año LXVIII, Número Antológico (1938-2006).

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viernes 13 de febrero de 2009

ALEJANDRA SEGOVIA



por José Jesús Villa Pelayo

Basta con escucharla recitar alguno de sus poemas o los poemas de algún otro poeta, como Mahmud Darwish o Víctor Valera Mora, para percibir la inasible energía telúrica que emana de su voz, de su sangre, de sus huesos, de sus raíces; es la misma energía (que los chinos han llamado
Chi’ desde tiempos inmemoriales) y que habita su poesía, como una ráfaga de bala o fuego, como la llama de Bachelard, La Flamme d’une Chandelle.
Alejandra Segovia (Caracas, 1973) es una poeta vital, fundamentalmente vital, un espejo que todo lo refracta, speculum de las vibraciones de la calle (incluso de las más lejanas y desconocidas).

Todo lo inquiere, todo lo señala, todo lo escudriña, Alejandra es uno de esos poetas capaces de percibirlo todo, el ruido de las aceras, las voces de la ciudad, los vericuetos anímicos de las avenidas y edificios, el grito informe de la gente humilde, a quienes ella devuelve esta virtud con poemas que son bocanadas de aire, respiraciones de los objetos sub mundo.
Alejandra ha conocido vericuetos subterráneos que la acercan a la vida pero también a la muerte, como Prometeo ha raptado el fuego y ha caminado junto al precipicio; y es, precisamente, en ese dístico claridad/oscuridad, luz/sombra en el que se desplaza la materia viva que configura su poesía, aquella en la que todos los mundos subterráneos son desvelados ante una diafanidad sin límites, sin divisiones, sin máscaras.
Ese estremecimiento eleusino, ese habitad terrenal/celestial, ese fondo binario de luces de alcoba y monasterio la rondan, ágiles aves que salen y se desplazan y vagan en medio de sus versos.
El otro es ella misma. Con sus dudas, pasiones e intersticios. Con su fuerza anular. Hay un cielo sobre el cielo de sus versos de tierra y calle. La iridiscencia es el ánima de sus poemas.
Extrovertida, ágil, fuerte pero paradójicamente frágil, Alejandra Segovia pertenece a ese nuevo e importante grupo de poetas venezolanos del siglo XXI, que han sido forjados en la fragua de la cultura y la política.
Licenciada en Artes por la Universidad Central de Venezuela, Profesora de Ética de la Universidad Bolivariana, de Geopolítica, conductora y productora, durante muchos años, de programas radiales de enorme impacto.
En el año 2006, publicó su primer poemario Entre la miel y el látigo que es epítome de todas sus circunstancias, encrucijadas y laceraciones vitales.
En uno de sus poemas escribe:

Aléjate,
busca el corazón en tus silencios,
haz una entrada, aunque sea pequeña
deja pasar al aspirante.
Admite la ternura
consúmete
el contenido de la poesía y
de la vida.
Evoca la lucidez,
la música de los sentidos.
No seas como la soledad.
Di madre, amigo, luna
pronuncia las palabras
de apertura a tus razones

Alejandra y su poesía son, sin duda, una unidad indivisible, quien no parece temerle a nada, más que a ella misma, quizá a esa fuerza telúrica, urbana, que es, sin duda, arrolladora: se trata de una energía creativa que emerge de ella, la circunda y la define.
Voz de la disidencia, de la denuncia y de la resistencia, su poesía, la del futuro, está en sus manos, en ese estremecimiento que tan sólo a ella le pertenece.

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